El asesinato de Luciano Fabián Sosa Olivares, ocurrido la madrugada de este domingo en el distrito de Colonia Segovia, Guaymallén, tiene como detenidos a los hermanos Cristian Alejandro (20) y Agustín Matías Nicolás Cotela Pini (18).

Los sospechosos habrían mantenido un fuerte intercambio de palabras con la víctima previo al ataque armado, según fuentes de la investigación que lidera la fiscal de Homicidios Claudia Ríos.

Los hermanos estaban viviendo hace poco tiempo en el barrio Nebot, que fue escenario del crimen.

Allí se vivieron momentos de tensión, porque familiares y vecinos de la víctima se levantaron contra los presuntos victimarios, a quienes intentaron linchar y prender fuego la casa. La situación requirió la intervención de personal de Infantería en el lugar.

Justamente, los presuntos homicidas ya habían tenido problemas en dos lugares en los que habían vivido previamente: en Coquimbito y en el barrio Unión y Fuerza de la triple frontera entre Godoy Cruz, Luján y Maipú.

De ese último fueron echados por vecinos que estaban cansados de su actividad delictiva, principalmente, porque estaban enfrentados a otra banda de la zona denominada Los Chachis, revelaron pesquisas de ese sector.

Los hermanos Cotela, o los Cotelita como los conocen, cuentan con antecedentes policiales, varios de ellos registrados cuando eran menores de edad. Además, su madre, conocida como la Pinito, también ha sido señalada por diferentes delitos, agregaron los detectives a El Sol.

Por su parte, a la víctima le hallaron entre sus prendas tres ravioles de cocaína. Aunque se presume que eran para consumo personal, no descartan que la presencia de esa sustancia tenga que ver con el móvil del crimen, explicaron policías que trabajaron en la escena.

Lo cierto es que los dos sospechosos quedaron a disposición de la fiscal Ríos y el lunes definirá su situación procesal.

Uno de ellos debió recibir asistencia médica tras ser detenido porque se pegó un tiro en una mano, accidente que terminó siendo determinante para que los policías lo encontraran, y podría transformarse en una prueba clave de la instrucción.

El hecho

La reconstrucción que realizaron los efectivos del caso sostiene que todo comenzó alrededor de las 6 cuando los hermanos Cotela iban pasando frente a la casa de Sosa Olivares, en la manzana A de la mencionada barriada, y se produjo entre ambas partes un intercambio de insultos.

Al parecer, la discusión fue subiendo de tono hasta el punto que uno de los Cotelita desenfundó un arma de fuego y disparó en varias oportunidades contra la víctima, según fuentes del caso. Dos de los disparos le impactaron en el cuello y el pecho, dejándolo gravemente herido.

Mientras vecinos que advirtieron la situación daban aviso a la línea de emergencias 911, los hermanos se dieron a la fuga a pie hacia su casa de la manzana B, para refugiarse por algunos momentos.

En la entrada de la misma, uno de ellos se encontraba cargando el arma homicida, tal vez con intenciones de volver a arremeter contra Sosa Olivares, y al hacer un movimiento brusco se dio por accidente un disparo en una mano, indica información policial.

Tras ese contratiempo, los hermanos se introdujeron en su casa y le pidieron a su madre que llamara al 911 para que lo asistieran.

La progenitora se habría excusado ante el operador del Centro Estratégico de Operaciones (CEO) que la atendió diciendo que su hijo había sido baleado en un asalto. Esto con intenciones de que no lo vincularan con la agresión contra Sosa Olivares, explicaron las fuentes consultadas.

Cuando policías arribaron hasta la escena, vecinos enfurecidos que se habían agrupado fuera de la casa de los Cotelita con intenciones de lincharlos les señalaron quiénes eran los autores.

Los uniformados siguieron el rastro de sangre que habían dejado tras el accidente con el arma, los encontraron en el interior de la propiedad y los aprehendieron.

La vivienda de los supuestos matadores fue luego registrada, pero no se encontró ningún arma de fuego en el lugar.

En paralelo, los lugareños, junto a parientes de la víctima, tenían intenciones de incendiar el lugar, por lo que se solicitó la presencia de un cuerpo de Infantería para controlar la situación.

Ya entrada la mañana, las aguas se encontraban más calmadas en el Nebot, aunque –estimaron las fuentes– la familia de los Cotela deberá buscar nuevamente un nuevo lugar donde vivir, debido a la bronca que quedó contra ellos en el complejo.