Sin que la campaña electoral hacia la Gobernación haya alcanzado el punto de mayor ebullición, los comandos electorales de los frentes que se la disputarán –el del oficialismo y el kirchnerismo– han comenzado a trabajar sobre un dato de humor social que ambos manejan, al que dan por cierto y el que les provoca alguna inquietud: que sólo 31,4% de los mendocinos manifiesta su conformidad con el resultado que tuvieron las PASO nacionales del 11 de agosto en la provincia.
En el kirchnerismo provincial hay un entusiasmo notable luego de las Primarias. En el centro de operaciones que ha montado, el desfiladero de quienes entran y salen es incesante. Nuevos y viejos dirigentes del peronismo han vuelto a transitar por esas oficinas con el frenesí de otras épocas, de aquellas cuando gobernaban, claro está, pero también de cuando no sólo se percibían competitivos sino seguros triunfadores de una contienda electoral. Hoy están excitados, aunque hay un grupo–aquel más cercano a la candidata a la Gobernación, Anabel Fernández Sagasti– que ha asumido la tarea de contener las manifestaciones o expresiones que se van de mambo de los más entusiastas cada vez que se corea el “A volveeer, a volveeer, vamos a volver”.
El fin de semana, ese comando peronista se prepara para otro festejo múltiple: el que les ofrecerá las victorias en los departamentos en donde se va a las urnas para elegir al intendente. En San Rafael, Tunuyán y Lavalle aguardan seguros la victoria y creen que, en San Martín, la comuna en la cual los radicales tienen sembradas las esperanzas para dar una sorpresa, también se impondrán. Sostienen que será un triunfo ajustado, pero triunfo al fin. Uno de los sondeos serios estaría informando que ganarían por dos o tres puntos por sobre el candidato de Cambia Mendoza.
Los radicales, por su lado, dan muestras de haber alcanzado un punto de equilibrio para imprimirle más acción, en breve, a la campaña. Lo primero que consiguieron fue repartir los roles y dejar en primera línea al candidato Rodolfo Suarez. De ahora en más, el intendente de Capital será quien comience a ocupar el centro de la escena con un discurso conservador, por encima de todo, y sin demasiadas sorpresas. Suarez basará la estrategia en la continuidad, en afirmar que mantendrá la línea que ha trazado Cornejo en cuanto a la recuperación del Estado y que su tarea, de aquí en más, será la de mejorar los índices: particularmente los económicos con todo aquello que ya se sabe, basado en los ejes de la recuperación del empleo, la innovación en todas las áreas del Estado y en la eficiencia en la prestación y el alcance de los servicios públicos, los ejes en los que trabaja el ex ministro y ex vicepresidente del Banco Nación, Enrique Vaquié.
En las últimas horas, los encargados de diseñar el contenido de la campaña y la comunicación de las ideas fuerza que contendrá han logrado un objetivo para nada desdeñable: calmar al gobernador Alfredo Cornejo. Luego de aquel raíd explosivo por los medios nacionales en los cuales discutió airadamente con algún que otro periodista, el gobernador volvió para tomarse unos días en Costa Rica. Para salir del centro del huracán en el que estaba, le vino como anillo al dedo una invitación para promocionar la provincia en aquel país por parte de la Embajada Argentina, en manos de la ex diputada nacional y mendocina Patricia Giménez. Cuando retornó le sugirieron –aparentemente el grupo de intendentes del oficialismo– que lo mejor para la campaña y para él sería que evitara confrontar directamente con la candidata opositora Anabel Fernández Sagasti. Casualmente, a Anabel, su comando electoral peronista le pidió lo mismo: no discutir con Cornejo ni mucho menos hablar de su gestión, sino más bien, poner el foco en todo lo que falta.
Fernández Sagasti seguirá la línea de las PASO nacionales y que el clima nacional de cambio la empuje hacia la Gobernación. Esto es, pegarse a Alberto Fernández y decirles a los mendocinos que, con él en la Presidencia y ella como jefa institucional de la provincia, a Mendoza le irá mejor. Allí están concentradas todas las energías y las esperanzas de kirchnerismo para soñar con un retorno al poder.
Por lo que manejan ambos frentes, las encuestas indican que existe una ventaja para Suárez de cara al 29 de setiembre. El peronismo se pone como base sostener y mejorar lo que obtuvo en las PASO nacionales, aunque sabe muy bien que no competirá en el cuarto oscuro contra Macri. Pero, entusiasmado como está, desliza que si logra sacar a Suarez de su estrategia y de su discurso podrá mejorar sus chances. No sabe cómo hacerlo, pero confía en que en algún momento el candidato del oficialismo pueda llegar a equivocarse o tener un desliz para capitalizarlo en su favor.
Volviendo a los números que intrigan y en los que trabajan los dos frentes. A ese 31,4% de mendocinos que dice estar satisfecho con el resultado de las Primarias nacionales en Mendoza, hay que agregar otros. Por ejemplo, 34,9% confiesa estar preocupado y 6,9% no tiene ninguna opinión sobre el resultado. Pero, 26,8% hubiera preferido otro resultado. Precisamente, es este último dato en el que tanto radicales como peronistas se han puesto a trabajar desde mediados de semana a esta parte: en develar qué resultado, en concreto, hubiese preferido ese casi 27% de electores, quizás una de las claves a descifrar que lleve, a quien logre dar con el interrogante, a la victoria, nada más y nada menos.
