Es terrible el asunto del humo en Buenos Aires.El humo se apoderó de la ciudad y modificó todas las costumbres, es más, creó situaciones nunca pensadas, hombres que entraban a ver un espectáculo con una acompañante y salían con otra,gente que se embarazó súbitamente y todavía no saben de quién, gente que se metió en el subte hace una semana y todavía no encuentra la salida.
Conductores que estacionaron sus autos y ahora no saben dónde los dejaron. Partidos de fútbol que se jugaron hace tres días y todavía no se sabe el resultado. Gente que tomó un taxi y todavía no puede verlo al taxista que va a adelante para decirle adónde va. Micros de líneas urbanas que terminaron en Toronto. Lustrabotas que jamás lograron distinguir la cara de aquella persona a la que le estaban lustrando los zapatos.
Gente que fue al cine y jamás encontró dónde está la pantalla. Otros que jugaban al tenis con un foquito de la luz prendido porque a la pelotita no la veían. Se produjeron grandes trastornos en la ciudad. Para aterrizar los aviones, los pilotos sacaban la mano por la ventanilla e iban tanteando la pista.Hubo un barco que no vio el muelle y terminó anclado en Pehuajó. Muchas rutas debieron cortarse y hubo conductores que volvieron cinco veces al lugar de donde habían partido hasta encontrar el camino por donde querían ir. Un aquelarre provocó el humo que vino de los campos. Digo yo, ¿no será una forma innovadora de protesta que han encontrado los del campo?
En vez de hacer un piquete con tractores y personas, hacer piquetes de humo.Dijo mi amigo El Japonés, ja: “Si así es el humo, no quiero ni imaginarme lo que será el asado”. La cuestión es que fuimos noticia en todo el mundo y muchos turistas suspendieron sus viajes a nuestro país, porque pensaron que lo único que podían fotografiar era humo y para eso se fueron a Londres y fotografiaron niebla, que es más romántica. Mucha gente andaba con barbijo, respirar raspaba, le dabas un beso a alguien y terminabas escupiendo cenizas.Nunca se vio algo así en la ciudad de Buenos Aires, aunque debería haberse visto antes, porque, ya los sabemos los del interior, los porteños son de tener muchos humos.
