Cuando somos grandes en la humildad, estamos cerca de lo grande. Lo dijo Rabindranath Tagore, escritor bengalí, premio Nobel de Literatura 1913. La humildad tiene dos polos, lo verdadero y lo bello, Victor Hugo, el gran escritor francés. Cuando no hay humildad, las personas se degradan, la gran escritora inglesa Agatha Christie; el secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento, es la humildad.
Ernest Hemingway, brillante escritor norteamericano, Saber que no se sabe, eso es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, es enfermedad. Lao Tsé, filósofo chino. Pienso yo, humilde charlatán de este diario mendocino: si tantos y tan importantes pensadores le han dedicado frases tan profundas a la humildad, la humildad debe ser muy importante. Algunos grandes pensadores de esta época, como Jorge Rial, por ejemplo, suponen que la humildad es una especie en extinción y que es mucho mejor ser un pavote notable que un inteligente desconocido.
En el periodismo también fluye la humildad hacia el sumidero del baño. En España dijeron de todo menos bonito de nuestro seleccionado después del primer partido. Por ejemplo, que Messi jugó prácticamente solo, que Jonás Gutiérrez se tragó varias ballenas, que Heinze era un picapedrero que sólo podía patear cascotes, que Verón estaba viejo y se podría dedicar al dominó.
Y de Maradona, ¡puf! Párrafos y párrafos en contra, hasta el punto de incentivar su pasada adicción a las drogas como si tuviera algo que ver con este Mundial. Y, por otro lado, se deshacían en alabanzas por su seleccionado, al que muchos daban como el nuevo campeón mundial, por lo tanto, los partidos en Sudáfrica eran absolutamente necesarios. Pues perdieron, y contra Suiza, que lo único que tienen de bueno es el banco, porque un banco suizo es muy respetado en el mundo entero. ¿Y ahora qué, chicos decidores de menosprecio hacia nosotros?
¿Y ahora qué? Dante Di Lorenzo, maestro periodista de la Elevediez, siempre nos decía que el periodista debe buscar, trabajar, decir, con la curiosidad de un científico y la humildad de un mendigo. Pues, de seguir su consejo, los periodistas españoles deberían ir a pedir a la salida de una iglesia. En fin, el vago dejó de ser fanfarrón cuando se dio cuenta de que era perfecto.
