La niña encontró una bolsa después de que el dueño la perdiera y estaba llena de billetes. Ni siquiera se detuvo a contarlos, pero eran muchos y de todos los rostros, había muchos de Roca, pero también de Rosas, de San Martín y hasta de Mitre, que son los menores. La niña en cuestión, María Eugenia, trabaja en un negocio del Shopping. Vio la bolsa en el suelo, la abrió y ¡Oh, sorpresa!, ahí estaban los billetes amontonados, tentadores, ofreciendo sus cifras.
Inmediatamente dio parte a sus superiores, pero al ratito apareció un señor con cara de “me quiero cortar los….”, preguntando por la bolsa. La niña fue a buscarla y se la devolvió. Entonces se supo. Menos mal, dijo el vago olvidadizo, ahí tenía cuarenta mil pesos que había cobrado por la venta de un terreno. María Eugenia había tenido en sus manos cuarenta lucas y actuó como un digno ser humano: los devolvió sin fijarse en la cantidad.
El vago amagó con irse y uno de los compañeros de María Eugenia le espetó: Podría dejar algún billetito como compensación a tan buena acción. Entonces el vago sacó treinta pesos y se los dio. María Eugenia compró una merienda para ella y sus compañeros. Consideraciones: ¿Cómo un vago puede llevar cuarenta mil mangos en una bolsa, andar con mucho donaire por cualquier lado y, encima, olvidársela en un lugar cualquiera? Si usted tuviera en estos momentos cuarenta mil pesos, seguramente se toma un taxi y los lleva inmediatamente a un lugar seguro. ¿Cómo llamaría usted a una persona que actúa así? ¿Cómo dice? Olvidadizo, es lo que suponía. Segunda consideración: ¿Cómo puede ser tan tacaño el vago y dejar treinta mangos por el favor recibido?
¿Dónde le construyeron los codos, en Acindar? Última consideración: podrán decir que María Eugenia hizo lo que debía hacer, que cumplió con su deber. Es cierto, pero en una época en la que aprovecharse del otro es como una epidemia, en la que la solidaridad parece estar emboscada detrás de sentimientos mucho menores, en una época en la que la honestidad suele ser moneda antigua, el gesto de María Eugenia nos reivindica con los buenos modos de la buena convivencia. Bien por ella. Ahora, al vago que resultó favorecido le dicen Glaciar Perito Moreno. Tiene un desprendimiento cada cuatro años.
