Las redes sociales pueden servir para lo mejor y para lo peor. Son capaces de difundir campañas para encontrar a personas desaparecidas o simplemente hacernos reír por su increíble poder de viralización. Pero también son plataformas que entrañan más de un riesgo latente.

Uno nunca sabe dónde va a ir a parar la foto que se sacó en la playa. O quiénes son realmente los que están detrás de ciertos perfiles. A cierta edad, la mirada del otro puede ser decisiva. Y un gesto de aprobación, como un like, puede ser engañoso o tener un fin para nada inocente.

El país cuenta con un programa nacional para prevenir el grooming, el acoso en internet por parte de los adultos a los chicos. Como en otras circunstancias, se trata de una iniciativa alumbrada en el horror, el caso de una niña asesinada luego de ser captada por un falso perfil de Facebook. Es una realidad palpable que concierne a padres e hijos. Las redes están, prohibir será inútil, entonces lo importante será prevenir.

Mendoza vuelve a conmocionarse por un crimen aberrante, el de una chica de 14 años, captada por adultos a través de Instagram. Estos hechos provocan a reflexionar sobre los cuidados que debemos tener, sobre todo, nuestros hijos, que destinan una buena parte de su identidad y de la aceptación de sí mismos en esos espacios virtuales. Tal vez, no haya palabras de consuelo. Que el dolor se transforme, de alguna manera, en conciencia y en cuidado.