Era un atardecer de abril, yo cruzaba la Terminal de Ómnibus, que es uno de los únicos lugares donde uno puede ver la cordillera desde la ciudad, en otro lugar nos tapan los edificios, el cemento puesto a ser altura. Miré a las montañas, eran azules, como en los atardeceres de abril. El cielo tenía un degradé de colores que iban del azul intenso al rojo. Los árboles estaban amarilleando y había en el aire un respiro tibio, suave, tierno, especial. Yo, que había vivido el otoño en otros lugares, me dije: “No es lo mismo el otoño en Mendoza”.

    Después fui pensando continuar ese pensamiento con una poesía y al llegar a casa nació la letra de la tonada que usted conoce, Otoño en Mendoza, a la que el querido maestro y compadre, Damián Sánchez le puso música. Si uno tuviera que encontrar una palabra para definir a nuestro otoño, podríamos decir nostalgia, ternura, tibieza. Claro que tiene sus excepciones, porque veníamos bien, nostalgia, ternura, tibieza, algunos días nublados con sensación de abrazo. Y de golpe, ¡zas! Nos agarró un airecito polar que venía con aliento de témpano.

     ¡Qué frío, loco! A sacar los abrigos otra vez, a darnos cuenta de que los pulóveres que guardamos en setiembre en el placard ahora quedan adentro de las polillas. A prender la estufa y ponerle doble frazada a la cama. Son anticipos del invierno, dicen. Si el invierno viene con las ínfulas de estos días, vamos a tener que andar con una garrafa adentro del sobretodo. Como siempre ocurre en estas situaciones, las charlas cotidianas rondaron alrededor del tiempo, el clima y los pronósticos que nos acercan aquellos que son entendidos.

    “¡Tiempo loco!, ¿no?”, decimos, sin pensar en lo que debe opinar el clima de nosotros, que cometemos tantos atropellos que hasta hacemos variar al clima. Se vino el frío a Mendoza, puede que sea sólo un aviso, que vuelvan los días tibios. Pero ya tuvimos una muestra. Ahora, mejor que los periodistas nos quedemos piolas y no protestemos por esta situación, porque puede ocurrir que la presidenta salga a decir que es un mensaje cuasimafioso de la prensa para desestabilizar a los pingüinos.