Alumnos de sexto año del Colegio Don Bosco de Ensenada decidieron cerrar su ciclo de estudiantes con un viaje a las Islas Malvinas: “Recibimos la posta -dicen-, y ahora tenemos que pasarla a otros”.
Salieron el 13 de octubre de Aeroparque y regresaron el 22, vía Lan Chile, la única aerolínea que hace vuelos a las islas. El proyecto se llamó “Vamos desandando la historia, siendo artesanos de memoria”, de acurdo con información de La Nación.
Todo comenzó hace tres años cuando, junto a su profesora de Construcción de Ciudadanía y coordinadora de la Pastoral del colegio, Karina Seibane, se reunieron con ex combatientes del CEMA (Casa del Ex-Soldado Combatiente de Malvinas) de La Plata. Los veteranos les abrieron su memoria, ajada por la distancia y por el dolor de los que no volvieron.
Tuvieron que reunir los 40 mil pesos por persona del costo. Festivales, guisos de lentejas, venta de pizzas, rifas, todo venía bien. El carisma salesiano del colegio estableció una economía compartida y puso todo lo recaudado en un pozo común: el viaje se pensó desde el “nosotros” .
Así decidieron viajar a las Islas. Fueron con ellos tres veteranos de la guerra de 1982: Antonio Reda, Eduardo González y Claudio Guzmán.

“Llevamos a los chicos a nuestras posiciones en la guerra -narró Claudio a La Nación-. Les contamos allí qué función cumplió cada uno”. Y ellos lo entendieron: “No es lo mismo que la profesora venga y te cuente que hubo una guerra, a que alguien que lo vivió te transmita el sentimiento de miedo, de hambre, de no saber qué hacer porque de eso dependía tu vida o tu muerte. De salvar a tu compañero. Es un tema fuerte, y cuando te lo cuentan te pone la piel de gallina”, dicen los jóvenes.
Además recorrieron lugares de combate (montes Wirless Ridge, Longdon, Tumbledown, Two Sisters, Sapper Hill, Monte Kent); fueron a la zona Moody Brook (lugar donde los británicos tenían asentado el comando militar), caminaron por la ciudad de Puerto Argentino y visitaron una pingüinera.

“Las islas que vimos hoy se parecen más a las que vimos al llegar en abril del ’82 que a las que dejamos en junio -dijo Antonio Reda-. Aquellas del final eran grises, rodeadas de muerte, de humo y explosiones, de cosas tiradas, mucho dolor, hospitales, bombas, camiones, tanques”.

