Una señora está sentada sobre una sillita de lona, plegable, y la va corriendo a medida que la cola avanza. Tiene tiempo, la cola no avanza. Porque no es cola de atención, es cola de espera. Hasta que no abran la atención al público, no va a avanzar, y cuando la abran, va a avanzar lentamente, como una tortuga con problemas en los meniscos. El señor de al lado compró el diario. Debe ser pudiente el señor de al lado. Ya lo ha leído como tres veces. Tal vez quiera aprendérselo de memoria. Yo me apoyo contra la pared, pero me duele la espalda, que es por lo que estoy ahí, precisamente. Me quedan varias horas hasta que empiecen a atender, tengo que armarme de paciencia. Necesito un turno para que me vea un médico. Aunque me lo den para Navidad, no importa, es muy probable que en Navidad mi espalda me duela más. Está oscuro, todavía el sol no se ha hecho presente, ya va a aparecer, él se mueve con medios propios, igual que yo, porque a la hora que salí de casa no pasan los micros y tuve que venirme a pie, a patacón por cuadra, cuestión que, cuando llegué, no sólo me dolía la espalda, también los pies y las piernas, y gran parte del resto del cuerpo. Pero hoy tengo que conseguir un turno para que me atiendan en el futuro lejano. Me duele la espalda. Los cientos que estamos en la cola tenemos la misma cara, cara de sueño, cara de madrugada, cara de espera, cara de hastío. Un señor tose constantemente, si no, habría demasiado silencio, es bueno que él tosa, salvo para él. Hay una señora con silla de ruedas allá adelante. Creo que está dormida, pero también creo que tiene frío, porque de vez en cuando tira para arriba de ese pedazo deshilachado de frazada que ha traído para taparse. Dicen que todos los días es así, que no hay otra forma, que no nos podemos quejar, porque nos atienden gratis. Puede ser, pero a mí me parece que no nos merecemos esto. Que por más pobres que seamos, también somos seres humanos, y tendría que haber una forma de no tener que sufrir para dejar de sufrir, que los hospitales deberían ser un ejemplo de atención, rápidos y efectivos, para que nadie que fue a atenderse por un achaque se muera de madrugada, se muera de espera. Ahora dicen que el Gobierno… bueno… tantas veces han dicho que el Gobierno… La cola se está moviendo, tal vez en tres horas esté atendido. Sonrío, y me pregunto por qué tiene que ser así. Y no encuentro respuestas… y no encuentro respuestas.