Si ves en el centro un tipo medianamente distendido y sonriente, no es menduco, es turista. O sea, gente hay, no es que se haya ido toda, pero parece que son habitantes virtuales de una ciudad virtual, porque no los encontrás. Vas a hacer un trámite a una oficina pública y pedís hablar con el director, el subdirector, el secretario, el secretario del secretario, el ordenanza, el tipo de la vigilancia de la puerta y no están. Y vos lo ves que están pero no están.

Se han ido aun quedándose. Son numerosos los negocios donde encontrás el cartelito “Cerrado por vacaciones” y a muchos que no están cerrados mejor no entrés porque no te dan bola. Preguntás algo y te contestan a media voz y con una mirada que no está donde estamos, sea tienda, farmacia, zapatería, DGI; municipio o gobernación, la mirada está en una playa debajo de una sombrilla, insultando en arameo porque tocaron días nublados.

Pero no son respuestas que se den in situ, sino más bien in un situ que está en la costa. Y si por ahí te topetás con alguien que te contesta algo coherente, seguramente te dice: “Mire, le convendría venir después de las vacaciones”. Es lógico entenderlos a los tipos, los agarró el cansancio que traían del 2010, más el descontrol de las fiestas, más el cansancio de saber que iban a tener que laburar en enero, más los calurones que están haciendo en nuestra provincia en los primeros días del primer mes y los tipos decididamente no están.

Son zombies de una nueva especie, andan reptando por las calles con sus obligaciones a cuesta pero sin la más mínima intención de cumplir con ellas. Ayer fui a lo de mi psicólogo. Me atendió de bermudas, con anteojos oscuros, el torso desnudo, un salvavidas tipo patito en la cintura y no paró de sacarme fotos con el teléfono celular mientras duró la sesión. Después me dijo, al despedirme, lo espero mañana en este mismo balneario. Traiga el tejo.

La gente está pero no está, enero es un mes en el cual se dan patadas los verbos ser y estar.