Nos estamos aproximando raudamente a la parte electoral de este año que, como todos saben, es un año electoral. Están apareciendo acciones que dan muestra de esta cercanía: afiches, grafitis, algunas propagandas en los medios de comunicación todavía menguadas, algo tímidas. Del lado oficial aparecen obras o anuncios de obras, quiero decir, hechos concretos o promesas, todo sirve. Y, por supuesto, aparecen la encuestas, que tienen como finalidad saber cómo están posicionados los candidatos y también formar opinión pública, porque si un candidato está bien posicionado va a ser observado al menos con más atención por todos aquellos que acceden a esa encuesta.
Algunos dicen “dime quién pagó la encuesta y te diré quién gana”. La cuestión es que si como dicen ellos, sus datos son ciertos, ¿por qué hay diferencias en las cifras que cada encuesta baraja? Podrán decirme que la encuesta no es una cuestión exacta, es algo probable, pero si reconocen un margen de error tan pequeño, no puede ser que las diferencias sean tan grandes. Hay candidatos que aparecen con 33 por ciento de credibilidad en una encuesta y con 12 en otra.
¿Cuál es la que tiene razón? Difícil saberlo, salvo que uno se ponga a hacer su propia encuesta. Se acercan las elecciones y se acercan también las guerras de encuestas, cada candidato esgrimirá la suya. Es cierto que hay algunas empresas creíbles pero también es cierto que hay empresas que no juna nadie y que dan cifras tan increíbles como las hazañas de El Hombre Araña. En estos momentos se están realizando varias, les apuesto que de todas las que se están realizando no habrá ni un resultado que sea igual a otro.
