Estamos en pleno bombardeo de encuestas, los medios de comunicación hablan de las encuestas, los candidatos hablan de las encuestas, la gente habla de las encuestas, los encuestadores hablan de las encuestas. Nos ha agarrado una especie de encuestosis a los argentinos y es lógico que así ocurra ante la proximidad de las elecciones.

    Claro, que es muy difícil saber en donde está la verdad. Todos los candidatos ganan o están ahí nomás, remontando y con posibilidades de ganar. No va a haber segunda vuelta para muchas y para otras puede haber segunda vuelta. Para algunas, los indecisos ya son pocos, para otras quedan muchos indecisos.

    O sea, no sé para qué diablos sirven las encuestas, si uno con ellas queda tan desconcertado como estaba antes. Les queda un solo día para publicar sus investigaciones y después, a la boca de urna. Las encuestas en boca de urna se hacen con la finalidad de saber durante la elección y mucho antes del escrutinio final quién es el que ganó. Claro que pueden fallar. No se olviden de Pinky cuando años atrás salió a festejar en caravana su triunfo en un lugar del conurbano de Buenos Aires y, en medio de los festejos, tuvo que desarmar los festejos, porque había perdido con todo éxito.

    Sin embargo, las encuestas en boca de urna se harán y, aunque aún no haya cerrado el comicio, los involucrados tendrán números para saber si ya pueden ir preparando el discurso triunfal o para saber adónde hay que ir a saludar al candidato enemigo triunfante. Suelen ser realizadas cerca de las escuelas por encuestadores pagos, con la finalidad de parar a los que han votado y preguntarles por quién votaron.

    Las respuestas pueden ser muy variadas: 1- “¿Y a usted qué le importan mis errores?”, 2- “Yo soy de los que nunca van a contar un secreto”, 3- “Me da vergüenza decirlo”, 4- “No me haga acordar que me pongo a llorar”, 5- “Ya lo olvidé, ya lo olvidé”, 6- “No sé, el cuarto estaba muy oscuro, 7- “Corté tantas boletas, que creo que voté por todos”, 8- “¿A vos te pagan por preguntarme? Bueno, pagame por contestarte”, 9 – “Lo siento. Me impugné”, 10- “Nadie es imprescindible, voté a nadie”. Pero muchos dicen, muy sueltos de cuerpo, por quién han votado y, entonces, se armarán los chorros que le acertarán al tarrito, y otros chorros que caerán muy lejos de él. A propósito de chorros. No, no, esto no tiene nada que ver.