En un año donde muchas actividades estuvieron paralizadas por la cuarentena obligatoria para frenar el coronavirus, los precios siguieron siendo altos en sus variaciones mes a mes, año contra año. Y es un verdadero drama, porque complica cualquier proyección, ya sea la del empresario con su negocio, como la de una familia que tiene que mantenerse en el día a día.
La suba constante de precios nos hace más pobres, porque se ve disminuido nuestro poder de compra. A eso hay que sumarle la escalada que ha tenido el dólar, que hace más débil al peso argentino y a la hora de comprar eso complica, porque hay productos que dependen de esa influencia, como la indumentaria, en algunos casos, uno de los rubros que más incremento ha tenido. O el de los medicamentos, tras un año signado por el coronavirus. Ni los programas oficiales que se han mantenido, como Precios Cuidados, han disminuido el impacto en los bolsillos.
Gobierno tras gobierno no le han encontrado la vuelta. Los defensores del actual gobierno pueden señalar que con la gestión anterior hubo una disminución. Pero también es cierto que en el año de la parálisis económica y de las tarifas congeladas, la cifra está por arriba del 30% cuando tampoco hubo paritarias, los sueldos no lograron acomodarse y hasta se llegó a pagar de manera escalonada o con recortes.
