Han pasado casi 9 meses desde que los últimos turistas se fueron de Mendoza porque el mundo comenzaba a cambiar abruptamente.
El impacto de la pandemia de coronavirus dio de lleno en una de las principales industrias de la provincia, el turismo. Hoteles cerrados, emprendimientos que tuvieron que reconvertirse para sobrevivir durante la cuarentena más dura, un aeropuerto sin actividad y una recaudación estatal que se nutría de los ingresos de los visitantes que mermó violentamente. Todo un sector que, de un momento para el otro, frenó a cero. Pero el fin de semana largo puso a prueba el músculo de la industria del turismo. Mostró que está apuntalado para volver a recibir a los viajeros, no sólo a los locales, sino también a los foráneos.
Mientras esperamos que la Nación apruebe el ingreso de chilenos por vía terrestre y aérea, para reapuntalar la actividad e inyectar de dólares la economía regional, este feriado permitió que miles de personas se movilizaran por los principales atractivos.
Con todo, vale recordarlo una vez más. Hay que cuidar esta actividad que nos ha costado recuperar y hay que hacerlo de dos maneras. Por el lado de la atención, sin mañas comerciales, con un servicio que se destaque para que el visitante vuelva. Es un aspecto en el cual la provincia tiene mucho para crecer y mejorar. Y, por el otro, no olvidar que todavía estamos en pandemia y que, aunque actualmente los números de contagios han mermado en Mendoza, aún hay que apelar al alcohol en gel, al tapaboca y a la distancia social.
