La cuarentena obligatoria golpeó de lleno en diversos sectores de la economía. Sin embargo, la medida que establece el uso obligatorio de barbijo en Mendoza abrió una puerta a los diseñadores de indumentaria y costureras.
Referentes de la industria textil indicaron que la pandemia los obligó a reconvertirse porque desde hace un mes sus ingresos son nulos. Es por eso que con las mismas telas con las que confeccionaban vestidos, cotillón para cumpleaños o zapatillas empezaron a diseñar tapabocas cuyos precios van desde los $300 a los $500.
“Desde que se inició está situación no se vendía nada y ahora, los tapabocas que estamos produciendo tienen ventas proyectadas”, indicó Alejandro Malgor, cofundador de Xinca, la empresa que fabrica zapatillas con neumáticos reciclados y que en el último mes se dedica a la producción de barbijos reutilizables para empresas, y que desarrolló una línea para particulares.

Teniendo en cuenta que una de las características del coronavirus es su alta capacidad de transmisibilidad y de contagio, desde el 15 de abril rige el uso de protección que cubra la boca, la nariz y el mentón en la provincia. Las multas para los que no cumplan van desde los $5.000 a los $50.000.
Ante la nueva demanda, los talleres que estaban cerrados, sin producir, comenzaron a encender las máquinas, así como también los emprendedores afilaron las tijeras en sus casas. Tal fue el caso de la marca Bocanegra, que trabaja con material reciclado de fábricas locales y que desde el año pasado viene desarrollando diseños unisex y multitalles en la misma prenda.
“Con el tema de la cuarentena y para mantener las ventas, comencé a pensar en un producto que necesite todo el mundo y me puse a idear un tapaboca que puedan utilizar tanto hombres como mujeres y que sea reversible. Algunos son de ecocuero e impermeables y otros son hechos con distintas telas mezcladas”, sostuvo Cecilia Paoletti, diseñadora de Bocanegra.
Más allá de lograr un cubrebocas que sea efectivo para evitar los contagios, el diseño también fue un punto a tener en cuenta para los emprendedores.

“La idea era generar un barbijo que la gente pueda utilizar todos los días, lavarlo y volver a usarlo del lado que le guste. Poniéndole un poco de onda a esto que nos obliga a cuidarnos y a cuidar a a los demás”, dijo.
Según analizó Malgor, cuando la curva de contagios se aplane, se va a establecer una nueva normalidad donde el tapabocas va a ser de uso cotidiano, más allá de que existan o no restricciones.
“Es probable que tengamos que seguir llevándolo en eventos masivos y seguramente muchos van a querer tener uno que lleve su impronta personal”, señaló el empresario y adelantó que están trabajando con una ilustradora en un nuevo proyecto.
Mientras que los barbijos quirúrgicos deben ser utilizados sólo por el personal sanitario, para asegurar así el stock necesario para enfermos y personal de salud, las actividades que quedaron exceptuadas siguen trabajando y con gran demanda de métodos de protección para sus trabajadores.
“La tela correcta para la fabricación de los barbijos es la SMS pero es muy difícil de conseguir, entonces empezamos a hacer barbijos descartables con otros insumos. La verdad es una locura a lo que le estaban vendiendo los productos. Siguiendo nuestra filosofía de reducir el desperdicio, ahora salimos con la venta de reutilizables que están hechos con doble capa con tela 65% algodón y 35% poliéster y tienen un bolsillo interior que permite cambiar el filtro”, dijo Malgor.
De la misma manera que los diseñadores, las modistas y costureras vieron en su confección, un ingreso fijo. Además de promocionarse en las redes sociales, utilizaron espacios comunes como paradas de colectivos o ascensores para colgar un cartel ofreciendo el tapabocas.
“Una de las telas recomendadas es la friselina, que es con la que elaboro las bolsas de cotillón para los cumpleaños”, indicó Ana Becerra, una modista de Godoy Cruz, quien desde hace unos días puso manos a la obra.
La mujer explicó que los hace a pedido de sus vecinos y las solicitudes vienen en aumento. “Me llaman por teléfono, me piden el diseño, pasan por mi casa o hago las entregas cuando salgo al supermercado porque la idea es que la gente siga respetando la cuarentena”, dijo.
“Con la pandemia, lo primero que hice fue buscar en Internet cuáles eran los materiables recomendables y cuántas capas debían tener. Primero la acción surgió para proteger a los miembros de mi familia y luego como una salida laboral”, detalló.
“¿Quién no tiene un pedazo de tela en casa? Más allá de que comprándolos ayudan a nuestra economía, lo importante es que nos cuidemos entre todos. Además, fabricarlos es una buena manera de ocupar el tiempo”, recomendó.
