Guillermo Nielsen es uno de los economistas más cercanos a Alberto Fernández y de quien se especula que podría llegar a conducir el ministerio más caliente de Argentina en caso de que el candidato del Frente Todos alcance la Presidencia en las elecciones del 27 de octubre. Nielsen, entrevistado por un diario brasileño especializado en temas financieros sobre cuáles serían las medidas más trascendentes que tomaría Fernández para comenzar a normalizar al país, detalló un menú preciso y variado que abarcó casi todos los frentes más sensibles y urgentes de ser atendidos.

De su diagnóstico y de las posibles soluciones que imaginan los técnicos que lidera, hubo un aspecto que sobresalió claramente: la convocatoria a un acuerdo amplio, como si se tratase de un Pacto de la Moncloa criollo, apuntando a controlar los precios de la economía y al que se convocaría a empresarios, sindicatos y, posiblemente, al resto de los partidos políticos para, desde un mínimo acuerdo, aceptado y respetado como si se tratase de una política de Estado, empezar el tránsito hacia el despegue que necesita el país.

De confirmarse sus proyecciones como, por supuesto, el triunfo en octubre de Todos que el mercado parece estar dando por hecho, Nielsen y sus técnicos sugerirían a Fernández ir de entrada, desde el arranque mismo de la nueva gestión, por el pacto amplio, sustentado políticamente, claro está, que tanto se le reclamó a Mauricio Macri en el comienzo del 2016 y al que se negara terminantemente a convocar.

Claro que los gravísimos problemas económicos que padece el país desde hace muchas décadas se transformaron en crónicos y, por sobre todas las cosas, son estructurales. Pero, en esencia, son particularmente políticos. Argentina sufre una crisis de confianza y de credibilidad tal porque sus administraciones, cuando les ha tocado transitar por la boca del volcán, lo han hecho sin dar garantías hacia dentro como hacia fuera. Entonces perdieron legitimidad, como le ha ocurrido al gobierno de Mauricio Macri, mucho más, luego de la derrota en las PASO del 11 de agosto. Se supone que Nielsen habla en nombre de Fernández y con su autorización, con lo que se puede inferir claramente que, de alcanzar el poder institucional, la nueva administración intentará comenzar de cero el proceso de normalización económica con la mayoría de los sectores dentro, comprometidos en cumplir, al menos, preceptos mínimos. Se trata, ni más ni menos, que de establecer lo que muchos denominan un contrato social fundacional.

En ese extenso reportaje que Nielsen dio al diario económico Valor, se afirma que Fernández buscaría contener la inflación sobre la base “de un acuerdo de precios y salarios basados en una política fiscal sólida y una política monetaria no expansiva. Sería –dice allí Nielsen– una especie de Pacto de la Moncloa, con aumentos de precios y salarios preprogramados, una política fiscal y monetaria consistentes con los objetivos de este acuerdo”.

En lo estrictamente técnico, el economista resumió que se piensa en implementar un plan específico para Vaca Muerta; procurar la fijación de tasas de interés más bajas; una política fiscal sustentable; un tipo de cambio competitivo y flotante; acordar con los exportadores de granos la liquidación de las divisas en tiempos más breves que los actuales; alcanzar con el FMI una nueva renegociación para estirar los plazos de los vencimientos; algún estímulo impositivo particular para los exportadores, aunque no incluyendo una modificación al esquema de retenciones, al menos, por los próximos meses; no volver a trabar las importaciones como ocurriera durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner; revisar la letra chica del principio de acuerdo con la Unión Europea y el Mercosur y llevar una política de cercanía y de mutua conveniencia con Brasil. Cuando a Nielsen el diario brasileño le pidió precisiones sobre el paso de Fernández por los gobiernos K, el economista amplió los conceptos que el candidato del Frente de Todos esparce cada vez que puede; esto es, de compararse más con Néstor Kirchner que con lo que mostraron las administraciones de Cristina, su compañera de fórmula y mujer fuerte del kirchnerismo nacional. “Sería más como el comienzo del gobierno de Néstor, que se caracterizó por niveles de inflación mucho más bajos, tasas de interés más reducidas y un control estricto del gasto público. Es preciso tomar como referencia a la Argentina del 2003, 2005 y 2006. Es allí donde encontraremos el tipo de política económica que proponemos”, respondió Nielsen.

Si, en caso, llegara a existir una incógnita, entre tantas, la pregunta que queda flotando y sin respuesta hasta llegado el momento, es intentar dilucidar cómo sería un potencial gobierno de Fernández puesto a resolver un problema inédito, casi, para una administración de extracción peronista: el ajuste que falta para construir la base desde donde se refundaría otra Argentina, de características algo más normales. El propio Fernández ha dicho que llegaría como una suerte de bombero tras el incendio, como el peronismo siempre se ha jactado en sus intentos, exitosos, para recuperar el poder cuando lo perdió por poco tiempo. Macri, con todos sus fracasos sobre las espaldas, no llegó a implementar todo el ajuste que a Fernández le hubiese interesado. Y es una tarea todavía inconclusa con la que se enfrentará, inevitablemente.