Una investigación sumaria de la Dirección General de Escuelas (DGE), comenzó a trabajar en las últimas horas para determinar si son ciertas o no las denuncias de un grupo de padres de chicos que acuden a una escuela de Junín quienes aseguran que la vicedirectora del establecimiento, además de “maltratar” a los chicos, ha desplegado en horas de clases, actividades de “adoctrinamiento político y proselitistas”.
Se trata en realidad de una derivación del caso que estalló días atrás, luego de que esos padres de alumnos de la escuela Manuel Blanco Encalada de Junín, hicieran público su enojo y malestar porque la vicedirectora Carolina Gutiérrez utilizó el lenguaje inclusivo para saludar a sus alumnos con la frase “todos, todas y todes”.
Las denuncias escalaron hasta lo más alto de la DGE, organismo que tomó la decisión de retirar a la docente del aula para trasladarla a otra institución en la que no tendría contacto con los chicos. Gutiérrez reapareció públicamente este miércoles cuando cerca del mediodía publicó una carta en su página de Facebook en la que pidió disculpas a quienes se sintieron molestos por el uso del lenguaje inclusivo.
Pero, además, la docente aprovechó el posteo para deslizar fuertes críticas con un marcado tono político hacia el gobierno de Alfredo Cornejo por la situación de las escuelas. Dijo, por caso: “Inclusión es tener instalaciones sanitarias en buenas condiciones (…) es contar con espacios para tomar la merienda, tan ansiada por los chicos especialmente en invierno con algo calentito en un lugar confortable (…) es que la matrícula por grado deje de ser tan abultada”, para agregar que podría seguir enumerando falencias, según confesó, pero que su conclusión es que en la escuela pública no están dadas las condiciones para la inclusión.
La fractura ideológica que atraviesa a los argentinos también ha tomado como escenario de disputa a la escuela, ya fuese pública de gestión estatal, o privada. Una de las últimas instituciones sagradas de la república. Supuestas irregularidades, como las que denunciaron en esta oportunidad los padres de la escuela de Junín de la que Gutiérrez es su vicedirectora, no son nuevas y probablemente no serán las últimas si la misma sociedad no resuelve, o revisa, los límites dentro de los cuales se tiene que desenvolver la actividad pedagógica de los maestros.
En agosto del 2012, dos años después de haber irrumpido con fuerza en la escena política argentina como brazo militante del kirchnerismo en el poder, La Cámpora saltaba a la consideración pública al organizar un espectáculo de murga en la escuela hogar Eva Perón. También dictaría algunos talleres y otras actividades comunitarias. La Franja Morada radical denunciaría el caso y varios meses más tarde, la Fiscalía de Estado confirmaría “irregularidades” y dejaría en manos de la DGE de entonces, que conducía María Inés Vollmer, la investigación sumaria del caso por ser, la DGE, “el juez natural” del caso. Esas tareas “comunitarias”, según dijera uno de sus referentes, el hoy diputado Lucas Ilardo, se trasladarían a otros establecimientos. La Fiscalía probaría que además de la escuela hogar, esa suerte de bajadas de línea se llevaron adelante en la escuela Manuel Belgrano.
Todas esas actividades se adornaban con llamativos y vistosos cotillones político: banderas, volantes, cánticos y demás complementaban las tareas. Algunos docentes de esos establecimientos accedieron pasivamente a los talleres; otros decidieron retirar a los chicos y pedirles a los visitantes que no les tomaran fotos a los alumnos.
Ahora, con el caso de la docente Carolina Gutiérrez, este tipo de hechos controvertidos vuelven a ganar la escena pública. El resultado de la investigación dirá si los que denuncian los padres, ya no lo vinculado al uso del lenguaje inclusivo, sino particularmente el de los posibles actos de “adoctrinamiento” tienen asidero o no.
La visibilidad de un asunto no resuelto del todo, obliga a rediscutir el uso del espacio y el tiempo de los chicos en las escuelas. Hay quienes ni siquiera se preguntan si causan o no perjuicios con sus tareas “comunitarias” porque lo asumen como normal. Y si no lo ven normal, y en todo caso entienden que pueden generar discusiones de alto calibre, provocándolas, porque está dentro de los objetivos y desafíos que se plantean.
El punto es que otros, que no son pocos y que optan por evitar el bullicio y la espectacularidad de sus movimientos, rechazan que en la escuela la política partidaria gane espacio. Entienden de que se trata de un ámbito en donde sus hijos van a aprender lengua, matemática, comprensión de textos, biología, ciencias naturales y demás. Porque son niños, tan básico y obvio como eso. Y si se trata de política, está la casa, el comité, la unidad básica para discutirlo.
