Juan Pablo Vallone y Amarú Salinas volvieron a repetirse, volvieron a consagrarse. El ahora faixa roxa y la única mendocina faixa preta representaron a la provincia de la mejor manera y se trajeron la medalla dorada.

Vallone lo vivió de una manera particular, el ex faixa azul se graduó a fines del 2016 y estrenó su cinta, nada menos, que en el Mundial. “A fines del 2016 me graduaron a roxa, por lo que, desde el comienzo sabía que iba a ser mucho más duro que el torneo del año pasado. Por eso pulimos durante estos meses algunos detalles técnicos”, comenzó relatando.

“Al competidor que vencí en la final lo graduaron a cinturón marrón después del Mundial. Yo estaba en cierta desventaja, pero, por suerte, se pudo ganar”, agregó.

En cuanto a los detalles, comentó: “Trabajé durante todo el año las guardias de lucha, sabíamos que ahí íbamos a sacar la diferencia. Sabía que iba a irme bien. Para mí, que me vaya bien, es dar lucha”.

 

Más alla del bicampeonato, Juan Pablo reconoció: “Me queda por trabajar un montón, estoy recién graduado. Tengo muchísimas ganas de seguir compitiendo, me encantaría viajar mucho. Es difícil, porque el año pasado me hice más famoso por la venta del auto para viajar que por otra cosa. Conseguir el dinero es realmente difícil”.

A pesar de la gran experiencia, el competidor mendocino confió: “Tuve un estrés muy grande antes del Mundial. No sé si fue por presión. Se entrena mucho para tan poquito tiempo, que no es fácil”.

“Pero, el lado positivo es que estuvimos una semana antes, alquilamos un gimnasio, unos tatamis y eso fue muy bueno. Hubo una logística importante y creo que eso fue clave. Lo trabajamos de manera muy profesional”, agregó.

Por último, cerró: “Creo que con los buenos resultados del año pasado seremos muchos más los que viajaremos a Brasil. Estoy convencido de que con mucho esfuerzo y sacrificio, se puede”.

Amarú también hizo de las suyyas. La mendocina de 30 años, faixa preta de jiu jitsu brasileño consiguió la medalla dorada de su categoría y lo hizo por segunda vez. “Es el segundo Mundial al que voy, ya tengo roce internacional, he estado en Brasil anteriormente y siempre es un desafío ir”, dijo.

“Soy la única cinturón negro de Mendoza, en Argentina hay pocas, en realidad. Personalmente, es un desafío muy importante. Una compite contra deportistas que viven para esto. Nosotros no vivimos de esto, tenemos un trabajo aparte y le ponemos mucho amor. Yo, por ejemplo, soy profesora de Educación Física”, explicó más adelante.

Amarú admitió que “el jiu jitsu es una filosofía de vida” para ella. “Yo me llevo el bolsito al trabajo, salgo y me voy a entrenarme. Así estoy hace muchos años. El jiu jitsu es una filosofía de vida. Para mí, el gimnasio es mi segunda casa: dejo mis cosas ahí directamente”, tiró.

 

Veterinario y campeón del mundo

Pablo Anselmi, medallista dorado en el Mundial de jiu jitsu brasileño desarrollado en San Pablo, contó: “Fue muy divertido. Éramos nueve en un departamento. Se armó un gran grupo y no es coincidencia. Lo tomé como unas vacaciones”.

Amateur como muchos deportistas en nuestro país, los practicantes de jiu jitsu se las arreglan para participar en diferentes competencias y así elevar su nivel. “Nosotros, cuando nos preparamos, lo hacemos con una gran intensidad. Nos cuesta muchísimo y, por eso, a la hora de cada lucha, pensamos en todo lo que ponemos. No es fácil ir a Brasil”, sentenció.

“Este deporte no tiene mucha repercusión, y, por eso es más difícil conseguir sponsors. Acá, todo es a pulmón. Por eso no sentí que estuviese representando al país, lo veo más como un desafío personal”, añadió.

Y, por último, anheló: “Ojalá que estos resultados signifiquen un impulso para que se acerquen empresas privadas a apoyar a los deportistas de esta disciplina. El esfuerzo que hacemos es mucho”.