Los argentinos tenemos una marcada tendencia a glorificar a ciertos personajes, por sus dichos, por sus ocurrencias, por sus logros, por lo que han significado en algún momento o por lo que son. Entre esas glorificaciones aparecen algunos de nuestros héroes, un puñado de políticos, artistas, músicos y, desde ya, deportistas.

Quizás el caso más emblemático de todos sea el de Diego Armando Maradona, el futbolista más espectacular que haya pisado jamás una cancha de fútbol en la historia del deporte más popular en el mundo entero. Su figura ha sido motivo de interminables y eternas discusiones alrededor de sus dichos. Y también, claro está, su figura –y todo lo que ha representado para la gloria del fútbol argentino– ha sido y es usada para los motivos más extravagantes que se puedan conocer. Entre esos motivos, tal vez el más extendido por quienes más cerca de él han estado, es el de la enorme capacidad que tiene Diego para producir ganancias dinerarias a su alrededor. Todo lo que toca Diego lo convierte en oro, y todo lo que dice se transforma en espectacular.

Ahora, el Club de Gimnasia y Esgrima La Plata, entrenado por el gran Diego, sueña con salvarse del descenso y seguir militando en la liga más competitiva del fútbol de nuestro país. Y, claro, por supuesto, que ese magnetismo irresistible del que hace gala, quizás haya sido lo que motivó o impulsó al candidato del peronismo Alberto Fernández algunos días atrás a declarar, luego de que se conociera que Diego volvía al país a trabajar en Gimnasia, que “Maradona se fue al equipo de Cristina”, usando un tono entre jocoso y humorístico, pero, claramente, con la intencionalidad política y electoral que todos percibimos, tanto los que están a favor de la cita como los que se oponen o a los que les puede resultar indiferente.

¿Qué es lo que incita a miles y miles de hinchas del fútbol a movilizarse en cualquier parte del país para ver de cerca a Maradona, ahora que ha comenzado a viajar acompañando al equipo de La Plata, o a buscar un televisor para seguir sus gestos, sus miradas y escuchar sus hilarantes declaraciones? Seguramente sea todo eso que hizo por el fútbol y por la selección argentina cuando jugó, sin dudas. Pero, lo que puede resultar motivo de algún análisis o discusión son las razones que llevaron a quienes lo acercaron a Gimnasia prometiendo, quizás, una salvación del casi seguro descenso de categoría al que se acerca. ¿Diego ha demostrado ser un buen entrenador de fútbol? Una pregunta que tiene que responder el mundo futbolístico o a quien le interese desempeñándose en ese ámbito. Lo llamativo o sorprendente es creer que, con Diego, el Dios del fútbol, ese equipo evitará salir de la Primera División de la liga Argentina. En todo caso, allá ellos, los hinchas, con sus creencias y demás cosas, se podría responder.

El ejemplo de todo lo que está ocurriendo alrededor del Diez nos conduce al costado chamán y milagrero de Argentina. A ese estado de trance en el que entramos de tanto en tanto –como las constantes crisis que van y que vienen pero que, sin embargo, han dejado al país siempre en el mismo lugar– que nos hace creer, con absoluto convencimiento, de que en esta salimos de una buena vez. Es esa particularidad bien argentina de ir detrás de una promesa de campaña, de la pobreza cero, del hambre cero, del fin de la inflación, de la hora del crecimiento y del desarrollo, del empleo pleno, de la heladera llena, de que todo cambiará, como por arte de magia, a partir de tal fecha.

Lo cierto es que nadie tiene la solución para los problemas estructurales que acarrea el país desde tiempos inmemoriales. Pero, decirlo en campaña, y más por parte de alguno de los candidatos, sería algo similar a pegarse un tiro en el pie. Con lo que hay que mantener viva la llama de la esperanza y decir cualquier cosa, no importa lo irresponsable que sea, para ganar adeptos. En su desesperación, Mauricio Macri ha vuelto a desempolvar el “¡Sí, se puede!”, aquel que lo llevó al triunfo en el 2015, y Fernández –el mismo que intentó beneficiarse en clave electoral utilizando a Maradona y al equipo del que es hincha Cristina, su compañera de fórmula– viaja por el país afirmando que Argentina enciende su economía desde el 10 de diciembre en adelante con él al frente.

Es probable que, colectivamente, en Argentina aún no estemos preparados para meternos de lleno a revisar los serios y graves problemas que padecemos como sociedad y que no nos permiten identificar el mal para atacarlo con todo lo que se necesita. Un pueblo que no quiere escuchar la verdad, como el enfermo que sabe que está enfermo pero que no quiere que le den más detalles de lo que puede terminar por matarlo.