Buenos días, a pesar de todo. El café es originario de Abisinia, allá en la lejana Etiopía que parece haber visto varias cuestiones ligadas con los humanos. El cafeto, nombre de la planta, y el café, nombre de la bebida que se obtiene con sus granos tostados y molidos. Tal vez no imaginaron los etíopes antiguos, que le daban a la planta otras utilidades, que iba a ser una bebida tan poderosa. ¿Por qué digo tan poderosa? Veamos, es la segunda bebida tomada en el mundo después del agua. Es el segundo producto comercializado en el mundo después del petróleo.

Además, el café es una de las llamadas bebidas sociales, esas que promueven la relación, la comunicación entre los seres humanos. Nuestro querido mate es otra, pero el nivel de injerencia en los estamentos del poder es distinto. En una reunión de empresarios, por ejemplo, el café, seguramente, está presente. En la mesa de funcionarios que se han juntado para tomar alguna decisión de trascendencia, seguramente, hay varios pocillos de café que participaron tibiamente de la reunión. Voy más lejos, seguramente, en la última reunión de gabinete que haya convocado Cristina, el café habrá tenido su menuda presencia. Me atrevo a más. A lo mejor, Barack Obama está reunido en estos momentos con sus secretarios de Estado.

En algún momento aparecerá el mozo de la Casa Blanca, que, seguramente es un blanco –lo digo porque a presidente blanco, mozo negro, y a presidente negro, mozo blanco– para servir algunas tacitas con la infusión centenaria. La Legislatura Nacional que está ahí en Buenos Aires, en la Plaza de los Dos Congresos, tuvo durante mucho tiempo, a su costado, en la esquina de Callao y Rivadavia, la confitería o el Café del Molino, porque, curiosamente, a los negocios que venden café para tomar se los llama café, genial.

El Café del Molino fue escenario de grandes discusiones políticas, grandes acuerdos e innumerables metidas de patas de los políticos argentinos. Dijo alguna vez un legislador: “Lo que no podemos resolver en el recinto de la Legislatura lo resolvemos en la Confitería el Molino”. Al lado de nuestra Legislatura provincial hay uno que se llama alegóricamente Cuarto Intermedio.

Frente a la Casa de Gobierno no hay nada, pero podría haber uno que se llamara Perdón, San Martín. Por lo tanto, cuando protestamos en contra de los que nos gobiernan, en contra de los que nos mandan, deberíamos destinar un cachito de bronca al café que los acompaña en la toma de decisiones. Y pensar que si bien hay algunos que se ahogan en un vaso de agua, parece que hay otros que se ahogan en un pocillo de café.