Cobos dijo entonces, en el momento de votar, con una voz trémula: “Mi voto no es positivo”. Lo que provocó que Cristina se pusiera Botox en las glándulas del encono. Ahí se transformó en el primer vicepresidente opositor a su gobierno de la historia argentina. A tal punto que no lo invitaron desde el Ejecutivo a los actos del Bicentenario. O sea, que agarraron el protocolo, hicieron un rollito con él y se lo metieron en la oquedad oscura de ese valle profundo que divide el desfiladero de sus dos nalgas. Pues, bien, el ejemplo cunde. Ya venían con algunos desencuentros el gobernador y el vice de la provincia. Son dos personajes de pequeña estatura, casi dos hobbits de El señor de los anillos. Pero con sus convicciones propias. Kelso Kake es kirchnerista. Cosa que a la provincia le ha traído excelsos beneficios, como, por ejemplo, que la dejaran afuera del régimen de promoción industrial, y otros más. Pues, Racconto se pasó al peronismo opositor, que busca pelearle el poder a los Kirchner en las elecciones del otro año y cuyo principal referente es el saque lateral Eduardo Duhalde, que es tan cabezón que en toda su vida tuvo dos piojos y jamás se conocieron. O sea, que la antinomia Cristina- Cleto se reitera en la provincia con Kelso-Cristian. ¿Cómo serán los próximos meses de convivencia entre gobernador y vice? ¿Le pondrá alguna camarita Kake para vigilarlo a Cristian? ¿Lo invitará al próximo Festival del Chivo de Malargüe? ¿Lo llevará a la próxima Fiesta de la Vendimia así les chiflan juntos? Bien no sabemos. Por ahora, la novedad es la ruptura. Seguramente, el tiempo dirá si lo que se rompió es mucho o es poco y si se pueden romper algunas cosas más. Bueno, bueno, bueno, se ha formado otro divorcio. Van a tener que hacer separación de males, porque bienes quedan muy pocos.