La postura de Cobos es más contagiosa que los piojos. Sabemos todos que el vicepresidente se opone a la presidenta, de hecho Cristina habla del Cleto de manera despectiva y, si fuera por ella, lo sacaría por un decleto de necesidad y urgencia. Pero, el mendocino sigue aferrado a su sillón del senado más firme que bigote de maniquí. De acá no me voy y no es que yo esté en contra de la política de Cristina, simplemente, ocurre que no estoy de acuerdo, porque yo no soy ni oficialista ni opositor, ni “oposilista” ni “afiator”, soy el presidente del Senado y no me importa lo que diga el kirchnerismo de mí, aunque debo aclarar que mi madre no tiene nada que ver en este asunto. No me importa que me escarchen, el escrache que no tiene razón no es crache. Ahora ocurre en nuestra provincia que el gobernador y el vicegobernador están cada vez más peleados y ya no lo disimulan. ¿Jaque?, já, parece un patovica de pelotero, un leñador de Bonsái. ¿Ja?, Racconto dicen que lo espían, se quiere mandar la parte de chivo espiatorio. ¿Para qué lo van a espiar? Esto parece un chiste del Día de los Inocentes. Bueno, si es por chistes del Día de los Inocentes, podrían contabilizarse algunas promesas hechas con todo bombo que nunca llegaron a concretarse y, en ese caso, los inocentes somos nosotros, ¿o no? No quiero acordarme del tema de la seguridad porque tengo miedo de que alguien me robe el mapa del delito. Están enfrentados el gobernador y el vice. Kelso Kake dijo que la denuncia de espionaje de Cristian es un chiste. Racconto le dice a Jaque: “Me están espiando. Una moto se estaciona todos los día frente a la puerta de casa”. Jaque contesta: “Debe ser un delivery”. El enfrentamiento parece ir para el lado de lo irreconciliable. Las declaraciones se suman, Racconto dijo que él sigue trabajando parado y no de rodillas frente al poder central. Kake contestó: “¡Con indirectas a mí!, Mirá que llamo a los aplaudidores para que te des cuenta de todo lo que me quiere la gente”. Mientras tanto, la gente ve la disputa y siente algo raro, algo curioso, algo que la predispone malamente, algo que la hace sonrojar. Creo que se llama vergüenza ajena.