Más de doce años después del asesinato del policía Eduardo Jesús Correa (42) durante el asalto a un blindado en la puerta de la Universidad Maza, un sospechoso de haber participado en el hecho fue detenido.
Se trata de Víctor Manuel García, quien cayó hace tres días y quedó a disposición de la fiscal de Homicidios Claudia Ríos. La investigadora heredó el expediente y profundizó sobre una serie de nuevas pistas que motivaron la captura del sujeto.
García había sido detenido cuatro días después de que ocurrido el atraco fatal. Pero, las pruebas en su contra no fueron suficientes por aquel entonces, motivo por el que recuperó la libertad. Incluso, se llegó a pedir su sobreseimiento, pero por diferentes motivos la Justicia no se lo otorgó.

Tras la detención, la representante del Ministerio Público lo acusó por el delito de homicidio criminis causa en concurso ideal con homicidio agravado por ser la víctima un funcionario policial y agravado por el uso del arma de fuego, todo en concurso real con robo agravado por el uso de arma de fuego y por ser en poblado y en banda, en grado de tentativa.
Además, se ordenó que pase a un penal provincial.

El caso, que llegó a tener casi una decena de sospechosos, terminó sólo con dos condenados a prisión perpetua tres años después del asesinato: el ex policía Víctor Vargas Cabello (47) y Darío Alejandro Cantos (33) fueron sentenciados durante el juicio oral y público que se realizó en el 2011.
Tras ese debate, la causa parecía haber quedado cerrada, pero se reactivó en el último tiempo y ahora tiene un nuevo imputado.
Asalto fatal
El frustrado golpe al blindado del ex Banco Regional de Cuyo ocurrió pasadas las 20 del 1 de setiembre del 2008 en el ingreso de la sede principal de la Universidad Juan Agustín Maza, sobre calle Bombal, en Guaymallén.
Ese día, las clases habían sido suspendidas por el viento Zonda que había bajado al llano, pero algunos estudiantes se encontraban en las inmediaciones.
Los delincuentes llegaron en varios vehículos al lugar, sabiendo que a esa hora arribaría el camión de recaudación de caudales, y se ubicaron estratégicamente en las cercanías. Cuando la unidad se estacionó en el lugar, fue abordada por el grupo comando.
Una empleada de la universidad había advertido la presencia de dos de los maleantes que se apostaron en la cabina de un teléfono público y a otros esperando detrás de una farola, todos con actitud sospechosa.
Cuando la testigo se dirigió hasta la cabina de seguridad para dar aviso de la situación, los asaltantes iniciaron un intercambio de disparos con el policía Correa y su colega Natalia Cortés (31), quienes se encontraban custodiando el blindado.
El cabo Correa recibió el impacto de diez plomos en su cuerpo. Dos quedaron en el chaleco. Mientras que Cortés fue alcanzada por dos proyectiles, uno en una pierna y el otro en un brazo, lo que le valió permanecer varios días hospitalizada.

Tras arrebatarle la vida al efectivo, la gavilla se retiró del lugar en una Toyota Hilux blanca, un Peugeot 504 marrón y un Peugeot 206 blanco.
La huida fue vertiginosa y desordenada, tanto fue así que dejaron un Fiat Palio rojo sin patente estacionado frente a edificio universitario, y un celular Nextel sobre la cabina telefónica, el cual pertenecía al ex policía Vargas.
A los pocos días, los sospechosos comenzaron a caer en las garras policiales. Uno de los primeros fue Darío Canto, que en ese entonces tenía 21 años y se encontraba internado en una cama del Hospital Central, ya que había resultado herido en el asalto.
Los autores simularon un tiroteo en el barrio Huarpes, en la triple frontera, minutos después del golpe frustrado, para evitar ser descubiertos cuando solicitaran asistencia médica para Canto.

Sin embargo, testigos observaron cómo el joven fue bajado herido de la Toyota Hilux utilizada en el hecho, motivo por el que los detectives del caso notaron que se había tratado de una escena montada.
La tarea para capturar a Vargas resultó un poco más difícil, pero finalmente terminó siendo detenido.
El ex policía había sido acusado en casos resonantes, como el golpe a la sucursal del banco Nación de Palmares, en el 2004, y el asalto que terminó con la vida del ex policía y custodio de Montemar, Enrique Flores, en el 2006 en Ciudad. En ambas causas terminó absuelto.
Sin embargo, cuando fue a juicio por el asesinato de Correa, entre agosto y setiembre del 2011, la Séptima Cámara del Crimen, compuesta por , lo condenó junto a Canto a prisión perpetua por el mismo delito por el que fue imputado recientemente García.
