Un político tiene que cuidarse en sus declaraciones, tiene que ser muy cuidadoso y andar con un centímetro a mano para medir sus palabras. Porque, cualquier disparate que diga, puede ser usado en su contra, y no podemos negar que hay algunos políticos que parecen ser adictos a los disparates. El Ernesto Sanz, un mendocino de San Rafael, que dirige la UCR a nivel nacional, venía haciendo las cosas bien. Un tipo moderado, tranquilo, mesurado, incluso con mucha apariencia de inteligente. Pues, se descuidó, che. Una radio de Santa Fe puso un micrófono cerca de su boca y bueno, como dice Rubén Blades, se le soltaron los caballos. Dijo que la Asignación Universal por Hijo instrumentada por CFK influía en el aumento del consumo de drogas y el juego. Es más, dijo tener datos ciertos que avalaban lo dicho. ¡Para qué! Los kirchneristas salieron a pegarle con un caño oxidado, hay colas para golpearlo, algunas instituciones presentaron denuncias contra el Inadi (el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), algunos dirigentes peronistas dijeron que era un tipo insensible, sin alma. En nuestra provincia, el ministro Ciurca le sugirió a Sanz que pidiera disculpas a los quince mil mendocinitos que reciben la asignación y que no se drogan ni juegan con ella. Pero, lo más curioso fue la reacción de algunos radicales. Me encontré con uno de ellos por la calle que venía masticando bronca junto con el chicle. Me dijo: “¡Cómo puede ser que este tipo diga lo que dijo! Eso nos aparta más del pueblo, nos hace un daño terrible, porque son consideraciones de un elitista, de un conservador. Mucho saco y corbata, loco. Hace falta un poco más de camiseta transpirada y alpargatas con bigotes”, y se fue masticando su bronca porque al chicle ya lo había escupido. Al ver la andanada de respuestas que habían levantado sus declaraciones, el Ernestito se apresuró a decir que él siempre había defendido el tema de las asignaciones familiares y que sus declaraciones a la radio de Santa Fe habían sido sacadas de contexto, que es la excusa que tienen todos los políticos para quitar del pozo la pata que han metido. O sea, señoras y señores, la culpa de los excesos verbales de los políticos es de los periodistas. “Hay cosas que no me caben”, dijo un viejo, mirando un supositorio calibre 45.
Desbocado
O sea, señoras y señores, la culpa de los excesos verbales de los
políticos es de los periodistas.
