Mendoza entra en el nuevo año con impulso festivo. Arranca enero y entre nosotros también arranca algo así como el campeonato provincial de la joda. Andamos rebotando de festival en festival. Hagamos un repaso: Fiesta Nacional del Chivo en Malargüe, Festival del Ajo, Festival de la Cueca y el Damasco en La Dormida, Fiesta de los Pueblos y el Vino en San Rafael, Rivadavia le Canta al País, El Festival de la Tonada en Tunuyán, Feriagro en Luján, Vendimia Federal, El Festival del Camote y El Festival del Melón y la Sandía en Costa de Araujo, más 18 fiestas departamentales de la Vendimia, más las celebraciones de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
No hay cuerpito que se aguante tanta celebración, tanto gritito cuyano. Esto es como un despilfarro de farra, como una epidemia de empanadas, como un incitación a la beodez continua, como un oligopolio de mordiscos. Hay tipos que vuelven a sus casas después de varias semanas de jolgorio y, cuando la estoica de su mujer, con esa ternura que suelen acumular las mujeres en tantos días de espera, les pregunta casi con ternura: “¿Se puede saber dónde estuviste, desgraciado?”.
El tipo les contesta: “No me hagás acordar porque me vuelvo”. Un vecinito me contó que su papá había salido hacía varios días atrás a comprar carne y no había vuelto. Yo le pregunté: ¿Y que hizo tu mamá? Y me contestó: “Hizo fideos”. Es que hasta las versus se van acostumbrando a que los maridos festivaleros se pierdan en los festivales. Son tantos, que los artistas andan rebotando de escenario en escenario. Cuando se bajan del proscenio no tienen ni tiempo de afinar las guitarras porque se les viene encima el festival próximo.
Algunos duermen en las combis, otros duermen sobre el escenario entre tema y tema. Algunos guitarreros tocan tanto sus guitarras que las van gastando y al final terminan tocando en un charango. Este año hemos vuelto al máximo esplendor. Hemos recuperado nuestro antiguo vigor festivalero. En algunos lugares abrís una canilla y sale una tonada, el viento baila cueca en los remolinos como en la cueca del Nolo Tejón, el gato se pone mimoso de tanto que lo tocan. Y recién iniciamos el canterío, todavía nos falta un mes y medio de sustancia festiva.
Que hemos de rematar cuando Vía Blanca, Carrusel y Fiesta Central le pongan el broche a tanto desparramo de algarabía y sepamos quién es la que habrá de ajustarse la corona del régimen monárquico que manda en esta Festilandia. Ya habrá pasado la primera semana de marzo y, claro, después de dos meses y medio de joda, ¿a quién le pueden quedar ganas de trabajar el resto del año, eh, a quién? Ya habrán vuelto los chicos a la escuela, ya no estarán en casa, aprovecharemos entonces, para descansar. ¿O se creen que nos van a conformar con los cuatro días de Semana Santa?
