Buenos días, a pesar de todo. Quiero hacer una defensa del culo. No, no se ruborice señora, porque no me impulsa ninguna intención de incomodarla ni de ser malhablado, sino, simplemente, poner las cosas en claro. No entiendo la mala fama que tiene entre argentinos el culo, la palabra culo. En España es de uso normal y nadie se ruboriza al escucharla. Tenemos prejuicios con la palabra y nos equivocamos, pensamos que es una mala palabra. Por qué, ¿a ver?, ¿por qué esto es nariz y no es mala palabra?, ¿por qué esto es oreja y no es mala palabra?, ¿por qué culo sí? Es una parte de nuestra anatomía que tiene que ser nombrada de alguna forma. ¿Qué culpa tiene el culo de haberle tocado ser el culo? Es más, debemos rescatar sus habilidades. El culo es un aparatito maravilloso que todavía no ha podido ser imitado por la tecnología moderna, porque deja pasar lo gases y retiene los líquidos. ¿Qué aparato que haya inventado el hombre hace esto, ah? Además sirve para menesteres muy útiles, como por ejemplo: para sentarnos, para las inyecciones y los supositorios, para que el proctólogo nos acerque a la homosexualidad, para abrir la puerta cuando tenemos las manos ocupadas y para darle trascendencia a los programas de Tinelli. También para acertarles las palizas a los culillos y para irnos, para irnos son indispensables espalda y trasero. Nosotros en la zona de Cuyo tenemos un regionalismo devenido de los quechuas que tiende a suavizar la expresión: poto. El poto es como un culo tiernizado, como un culo de peluche. Usamos la palabra para definir los lados buenos y malos de la vida: si nos va mal en algo nos va para el culo, si tenemos mucha suerte tenemos mucho culo. Claro que las utilizaciones negativas son muy superiores: tenés cara de culo, el último es culo de perro, estoy para el culo, lo encontré de puro culo. Rascarse el poto es no hacer nada. En el culo del mundo se refiere a un lugar muy distante. El culo también está ligado con la suerte, tal vez como derivación del juego de la taba, en el que el lado de la derrota se llama culo. Pero también está ligado con la buena suerte y tal vez aquí deberíamos incluir su sinónimo numeral, el siete, cuyo origen tendría que ver con la mención bíblica setenta veces siete. En los hombres, el poto es insignificante, es más, la mayoría de los hombres tiene poto negativo. Pero en las mujeres es sobresaliente, notorio y se transforma en un adminículo para su catalogación. Saben muchas mujeres que, lamentablemente, a veces vale más un buen poto que siete años de facultad. Nos ruborizamos al escuchar la palabra culo pero la usamos permanentemente en nuestro trato cotidiano. Así que, menos prejuicios, que los prejuicios suelen meter en cana a aquel que no tuvo ninguna culpa. Reivindico esa zona de la anatomía que no podemos evitar. Malo no es tener culo, malo es tener hemorroides. Así que no le ponga cara del poto al poto, y si en algún momento la vida le da la espalda, pues tóquele el poto a la vida.
Culo
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