Alfredo Cornejo dejará el 10 de diciembre la Casa de Gobierno pero mantendrá gran parte del poder político que comenzó a construir cuando fue intendente de Godoy Cruz y extendió ya como gobernador.
Las seguras llegadas de Néstor Parés a la presidencia del Tribunal de Cuentas y de Paula Allasino a la Contaduría General de la Provincia son los últimos ejemplos del “blindaje” que tendrá Cornejo en la provincia, mientras él intenta armar una estructura a nivel nacional desde su banca como diputado en el Congreso.
Desde Santiago Felipe Llaver, el primer gobernador tras el retorno de la democracia, ningún mandatario mendocino nombró a tantos funcionarios en cargos vitalicios como Cornejo. De prosperar los pliegos de Parés y Allasino (necesitan la aprobación del Senado, algo que se descuenta), ambos se sumarán a un listado amplio de cornejistas leales en lugares clave de la administración pública.
El actual presidente de la Cámara de Diputados reemplazaría a Carlos Salvador Farruggia y la hoy ministra de Hacienda y diputada provincial electa sería la sustituta de José Roberto Caviggia. Los funcionarios salientes, que se jubilaron tras más de 30 años en sus cargos, desembarcaron durante la gestión de Llaver y atravesaron ocho gestiones.

Tener el control es clave para Cornejo. Lo demostró durante toda su gestión y esa misma impronta se extenderá en el tiempo gracias a la designación de varios allegados en puestos estratégicos.
Sus primeros movimientos se produjeron para dejar marcado su sello en la Seguridad, y quedaron reflejados con la llegada de Alejandro Gullé a la Procuración General (en reemplazo de un histórico como Rodolfo González, quien ocupaba el cargo desde la gestión de Rodolfo Gabrielli) y de José Valerio a la Corte de Justicia. Y al abrirse una nueva vacante en el máximo tribunal de Justicia, Cornejo eligió a otro incondicional como Dalmiro Garay, su exministro de Gobierno.
En el Tribunal de Cuentas habrá un trío de cornejistas: primero llegó Gustavo Riera como Secretario Relator, luego fue el turno de Liliana Muñoz de Lázaro como vocal y en un futuro cercano Parés se hará cargo de la presidencia del órgano de control extrapoder. Su función es clave: “Aprobar o desaprobar la percepción e inversión de caudales públicos hechas por todos los funcionarios, empleados y administradores de la Provincia”, según define el artículo 181 de la Constitución Provincial.
En otro organismo importante, como la Asesoría de Gobierno, Cornejo aprovechó la jubilación de César Mosso Giannini (designado durante la gobernación de José Octavio Bordón) para impulsar a Ricardo Canet, su exsecretario Legal y Técnico, en el cargo que se ocupa, básicamente, de defender a la Provincia en todos los litigios que tenga.
Mientras que la Oficina de Investigaciones Administrativas y Ética Pública, creada bajo su gestión y cuya función es exigir y controlar las declaraciones juradas de los funcionarios, quedó a cargo de otro fiel, como Gabriel Balsells Miró.
Históricamente, cualquier mandatario mendocino debe dejar su cuota de poder -independientemente si es alta o baja- al poner un pie fuera de Casa de Gobierno. Ese no parece ser el caso de Cornejo, quien se irá del edificio de Peltier 351 con una imagen alta, contundentes triunfos electorales y un ejército de leales en oficinas importantes.
Así, su destreza política y el hecho de estar en el lugar y momento indicados para sacarle provecho a las jubilaciones de varios funcionarios “eternos” le permitieron armar una red amplia e infranqueable, que le permitirá mantener cierto control en la provincia, aunque él esté a más de mil kilómetros planeando su proyección nacional.
