Alberto Fernández se prepara para iniciar la habitual ronda de consultas con gobernadores y expertos sanitarios para definir la extensión de la cuarentena, que vence el próximo domingo. Pero a diferencia de anteriores oportunidades, ahora el Presidente está más presionado ya que la fatiga social y la parálisis económica obligan a pensar en nuevas alternativas.
“La cuarentena debe seguir pero con otras formas. Tiene que tener una apertura a nivel económico con mucho cuidado, pero la actividad productiva tiene que arrancar”, admitió este miércoles el ministro de Salud, Ginés González García.
En este sentido hay que recordar que varias provincias, entre ellas Mendoza, han ido flexibilizando la cuarentena y habilitando actividades.
La idea inicial de la Casa Rosada es que el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) continúe en el ámbito Metropolitano (Ciudad de Buenos Aires y conurbano) y las grandes ciudades del interior. Pero la definición se tomará luego de una nueva conversación del Presidente con los gobernadores.
Las autoridades nacionales, mientras analizan la curva de contagios y su tiempo de duplicación, ya reconocen públicamente el cansancio social del aislamiento, reflejado en la cantidad de personas que por diferente motivos salieron a la calle esta semana en muchas ciudades.
Además las presiones sociales y de los distintos actores de la economía empezaron a sentirse con más fuerza para encarar una reapertura progresiva. Con ese panorama delante, el Presidente tiene abierta la negociación con los gobernadores.
El último antecedente no es alentador: cuando Fernández anunció hace dos sábados la fase del aislamiento denominada “segmentación geográfica”, dio vía libre a un supuesto permiso para que mayores y niños pudieran pasear un ratito por día. Inmediatamente nueve provincias lo impugnaron.
Esas “excepciones provinciales” no incluyeron a los distritos con más de 500 mil habitantes, donde el aislamiento continuó con casi la misma dureza de hace un mes y medio atrás.
