“Chocolate caliente para el alma” es el título que le pusieron a un libro que, en Estados Unidos, se llamó “Sopa de pollo para el alma”. Este nombre nos hace pensar en dos cuestiones: por un lado, que existen alimentos “para el alma”, además de para el estómago; y por otro, que estos alimentos no son los mismos en todas las sociedades.

El término “comfort food” surge en 1972 y se refiere a la comida sencilla y familiar que habitualmente se hace en casa. En la vereda de enfrente de la cocina molecular, del “emplatado” complejo y de las recetas que llevan más ingredientes de los que una persona normal puede recordar, estos platos prometen algo como una caricia además de nutrición.

La sensación de bienestar que puede provocar un plato de comida es reconocida en todo el mundo, pero no es la misma comida la que produce ese efecto en todas las personas. La “comfort food” depende mucho del país en el que viva cada persona y de la cultura en la que se haya criado. Por ejemplo, una taza de té es sin duda un ejemplo para el Reino Unido, así como el mate cebado puede serlo para varios países de Latinoamérica. Ahora, dentro de una misma familia, el plato más reconfortarte también puede ser diferente para cada uno de sus integrantes.

Si uno se imagina llegando a casa luego de una jornada de trabajo arduo, en un día especialmente frío, lluvioso y destemplado, tal vez con las medias mojadas y deseando secarse… la comida que le gustaría encontrar seguramente sería el “comfort food” perfecto: el que brinda satisfacción, permite conectarse con los placeres básicos, trae recuerdos de la infancia, o de la forma en la que lo preparaba una persona querida.

El placer de degustar la comida casera luego de un largo viaje a países donde la gastronomía es muy diferente también puede dar una idea acerca de qué es lo que más se extraña o de cuáles son los platos que más reconfortan.

El término “comfort food” se refiere siempre a platos económicos (o que en su momento de origen fueron baratos) y fáciles de preparar. La revalorización de la comida casera y más natural, que además de ser sabrosa proporciona una reacción emocional placentera, tiene mucho que ver con esta idea de “comida refugio”.