Hay cosas que no me cierran. Por ejemplo: ¿Por qué se prefirió el Obelisco y no el Cabildo para las celebraciones centrales en Buenos Aires, si el Cabildo tenía todo el crédito de la historia? Por ejemplo: ¿Por qué se llama teatro Colón el teatro Colón? ¿Por qué Colón y no un artista de los nuestros? ¿Es qué Colón vino a América a descubrir el canto lírico? Pero, bueno, ya está, así se llama y es un orgullo para el país, porque está considerado uno de los mejores del mundo. Cuando alguien canta muy bien, los argentinos solemos gritar “¡Al Colón, al Colón!”, como diciendo que se merece el escenario mayor. Tuve la oportunidad de cantar en su gran sala. Fue hace muchos años, cuando yo integraba aquel incomparable Coro Universitario y nos dirigía nada menos que el Flaco querido: José Felipe Vallesi. Cantamos con la Filarmónica del Colón, dirigida por otro grande: el maestro Jorge Fontenla. La emoción de aquella noche jamás se fue de mi recuerdo. Estar en ese escenario era un privilegio jamás imaginado. Ver la sala repleta con esa magnificencia de palacio del arte, algo incomparable. Costaba cantar porque en la garganta tenías un nudo y te temblaba todo lo que una persona tiene para temblar, pero todo. El lunes, después de un largo período de puertas cerradas, volvió a abrirlas. El mundo celebró el acontecimiento. Pero, siempre hay un pero entre argentinos, la celebración se vio opacada porque la presidenta no fue. Al parecer, Macri dijo cosas indebidas y Cristina se enculó y rechazó la invitación. A mí me parece que hay acontecimientos que están por encima, muy por encima, diría yo, de los enfrentamientos políticos, que las superficialidades temporales no pueden dañar lo trascendente. Porque a las vanidades se las traga la historia, y quedan en la memoria de los pueblos las cosas realmente importantes. Los nombres son pasajeros, las circunstancias políticas también. Y, si no, contéstenme francamente quién se acuerda que allá en 1908, cuando se inauguró el teatro Colón, el presidente era Figueroa Alcorta y el intendente de Buenos Aires, Manuel Güiraldes, ¿ah? ¿Quién?
Colón
A mí me parece que hay acontecimientos que están por encima, muy por encima, diría yo, de los enfrentamientos políticos, que las superficialidades temporales no pueden dañar lo trascendente.
