¿Cómo pretendemos ser un país de primera si somos coleros? Nos han acostumbrado a hacer cola para pagar, para cobrar, para hacer un trámite, para ver un espectáculo. Hay dos coplitas que nos definen en esta situación, dicen: “No me venga con que no hay nadie / que no pienso darle bola / ustedes me acostumbraron / no hago el trámite si no hay cola”.

    “Necesitamos la cola / para estar en cualquier lado/ si acá la cola es un poto / andamos todos poteados”. La cola es una institución lerda que suele quedar delante de cualquier ventanilla. A veces me pregunto, si los banqueros saben contar ¿por qué en los bancos hay ocho ventanillas y sólo cuatro cajeros? Estamos encolados, encolerizados, colacionados y nos hacen perder el tiempo lastimosamente, largos minutos de vida que uno podría aprovecharlos para ser feliz.

    Pero si hay una cola degradante, ominosa, indignante, es la cola que tienen que hacer los enfermos o los familiares en los llamados centros de salud. Largas horas de espera, de mirar las baldosas, de lamentarse para adentro y con sus eventuales vecinos por las demoras de las que nadie se hace cargo.

    He visto ancianos con cara de sufrimiento en esa situación de injusticia. A veces los enferma más estar en la cola que la propia enfermedad por la que la hacen.Nadie se merece esto, nos quejamos por la demora que ocurre permanentemente en la acción de la Justicia, pero ¿y la demora que ocurre en la atención de la salud? El flamante subsecretario de Gestión Sanitaria, recién asumido, asumió que las largas colas que soportan los mendocinos eran indignas.

    Estamos de acuerdo con eso. Pero el doctor Antonio Gómez agregó: “Todo lo que es indigno y no tiene explicación hay que cambiarlo de manera urgente”. También estamos totalmente de acuerdo, ahora nos falta saber si urgente quiere decir ya, dentro de unos días, dentro de unos meses o ya veremos cuándo.