A regresar a los libros o por lo menos a internet. Fin de unas vacaciones de invierno con innumerables acciones destinadas a los pibes: payasos, teatros, circos, musicales, parques de diversiones, publicidades para ver si los pibes inducían al gasto a sus papis. ¡Lloren, pibes, lloren, que aquí está el auténtico pororó mendocino, con gotitas de malbec! Le costará a la casa volver a recuperar su fisonomía anterior, porque son diez macetas menos, cuatro vidrios, dos plafones, dos sillas transformadas en leña para el quincho y un inodoro destartalado porque al querubín se le dio por hacer caca de parado. La heladera podrá respirar un poco, y la PlayStation encontrará su temperatura adecuada después de tantas noches de recalentamiento. Las vacaciones trajeron muchos turistas que vinieron a Mendoza a encontrarse con la nieve y se encontraron con un frío tan despiadado que los osos polares del zoológico pidieron que les compraran sobretodos. ¡Por favor! Son muchos los dientes que se aflojaron por el castañeteo constante. Decí vos, que, en Mendoza, el Gobierno previó que a nadie le faltara una garrafa para calentarse, si no, hubiera sido muy cruel. Pero los turistas vinieron igual. Y se dieron el gusto de llevarse de ocho a diez moretones con las actividades en la nieve. Las Leñas se vio colmada de brasileños que pedían caipiriña con sopaipilla. No hay nada más fácil de distinguir que un brasileño en la nieve. En definitiva, unas vacaciones de invierno bien vacaciones y bien de invierno, como debe ser y nada de medias tintas y veranitos en julio. Pero, chiquitos, se terminó, deben ustedes volver a encontrarse con eso que tanto les gusta: las tareas, las lecciones, las pruebas y la sufrida maestra, que encarará el año con un enérgico y autoritario: “Bueno, chicos, hagan lo que quieran”. Pasó el período de jolgorio para los mas chiquitos, bueno, no pasó del todo, porque ahí nomás,cerquita los espera el Día del Niño. ¡Que ganas de ser culillo, por favor! ¡Qué ganas!