Este martes se cumplieron cinco semanas de la desaparición del empresario Diego Alfredo Aliaga (51).

A pesar del tiempo transcurrido, y sin novedades acerca de su paradero, la Justicia federal y la Policía de Investigaciones de la provincia continuaron con los trabajos de campo en búsqueda de pruebas que encaminen el expediente hacia el esclarecimiento.

Una de las medidas más importantes de esta jornada fue un nuevo allanamiento en la casa que habitaba Diego Barrera (51), uno de los cuatro imputados que tiene la causa, en el barrio Dalvian, de Ciudad.

Durante el procedimiento, que duró 10 horas y contó con la presencia del fiscal federal Fernando Alcaraz en el domicilio, el personal policial secuestro más teléfonos celulares (serían cuatro, de acuerdo con fuentes policiales consultadas por El Sol), prendas de vestir de los habitantes de ese domicilio (principalmente de Barrera; su mujer, Bibiana Sacolle, y los hijos de ella, Lucas y Gastón Curi, que también están imputados), relojes, documentación varia y hasta la notebook de la hija de la pareja, quien tiene 18 años, está viviendo ese lugar y quedó fuera de cualquier acusación.

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De acuerdo con información que trascendió, el fiscal también se llevó de la propiedad los papeles de compra y venta de ese domicilio –Barrera le habría comprado la coqueta casa a Aliaga– y de un Chevrolet Camaro que había sido secuestrado días después de la denuncia por secuestro extorsivo.

Este no fue un dato menor para la instrucción ni tampoco para la defensa de los imputados, porque los documentos “eran considerados desaparecidos” luego de la primera medida que se desarrolló en esa propiedad.

Más allá de esto, los profesionales de Delitos Tecnológicos se encuentran peritando los teléfonos celulares de los cuatro imputados, los que quedaron en poder de los detectives cuando se produjeron las capturas, cinco días después de la desaparición del empresario.

Pero, se encontraron con un problema: no pueden desbloquearlos para acceder a la información que contienen.

Mientras la causa continúa secreta, se analizaba solicitar a los imputados si accedían voluntariamente a coloca los patrones o las huellas para que les revisen los aparatos, aunque las fuentes consultadas aseguraron que esto estaría lejos de suceder.

Así las cosas, y con 35 días sin novedades acerca de Aliaga, la Justicia levantará esta semana el secreto del sumario para que la defensa acceda al expediente.

Además, se espera que se fije fecha de audiencia para que se defina la situación procesal de los cuatro detenidos, quienes están en la cárcel por secuestro extorsivo agravado por la participación de tres o más personas, pero, el juez Marcelo Garnica debe definir si los procesa con prisión preventiva.

La última novedad de importancia que tuvo el expediente fue la ubicación del negocio donde se compró el teléfono celular que utilizaron para hacer el llamado extorsivo a la familia Aliaga.

Para los sabuesos, uno de los hijastros de Barrera fue quien lo adquirió, tal como reveló este diario.

Cámaras de seguridad de la zona y el domicilio de sus suegros a pocos metros terminaron por ubicarlo en el lugar, un negocio de calle Roca, de Las Heras.

Aliaga desapareció el martes 28 de julio. Había pactado encontrarse con su socio-amigo Diego Barrera en una propriedad de calle Bandera de los Andes al 9000, en Rodeo de la Cruz. Tenían pensado acondicionar ese domicilio para abrir una clínica de rehabilitación.

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Habían pasado la noche del lunes juntos, con dos mujeres, en la casa de Aliaga, en el barrio Palmares, de Godoy Cruz. El empresario se dirigió a Rodeo de la Cruz en la camioneta de un abogado amigo, una BMW x6, porque la suya, una Porche Cayenne, había sufrido un desperfecto mecánico.

Desde ese momento, no volvieron a verlo. Esa BMW complicó a Barrera, debido a que fue él quien la regresó al barrio Palmares. Ingresó con la tarjeta de seguridad de Aliaga y hasta ingresó a su propiedad. Los investigadores sospechan que sustrajo documentación de importancia de la vivienda.

El hermano de Aliaga, Gonzalo, recibió un día después una llamada extorsiva. “Dejá de mover el avispero y andá juntando un palo verde”, le exigieron desde el otro lado de la línea. Ese teléfono, que, se sospecha, habría comprado Gastón Curi, fue descartado y nunca encontrado.

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Tal como publicó este diario cuando reveló el caso, el móvil de Aliaga se activó el miércoles 29 y luego dejó de emitir señal.