Carmen Barbieri no está transitando un año fácil. Reiterados episodios que la tocan de cerca hicieron que su salud trastabillara. Episodios que la marcaron, como la enfermedad de su hijo Federico Bal, por ejemplo, calaron hondo en su pecho. A raíz de esto, el cuerpo reaccionó y le cobró factura.
La invadió un herpes zóster (culebrilla) que empezó como una molestia en su boca, pero que rápidamente comenzó a ramificarse por todo su rostro. Esto provocó que se alejara del Cantando 2020. Por el dolor, prácticamente no podía ni hablar, mucho menos cantar.
Comenzó un tratamiento, pero días después el problema se agudizó. El domingo 13 se le cayó un párpado, le quedó el ojo cerrado y a eso se le sumó una pequeña dificultad para mover la boca. Llamó a su médico de confianza, la atendió vía virtual y le dijo que se trataba una parálisis facial producto del virus. Le llevó tranquilidad y le dijo que era cuestión de días para volver a la normalidad.
Sin embargo, por pedido de su hijo, la llevaron a la clínica Fleni para realizarle una tomografía para descartar cualquier problema neurológico. El susto familiar fue grande. Luego de eso, con la tranquilidad de que no era algo complejo, le cambiaron la medicación y comenzó con una serie de ejercicios que le recomendaron para empezar a recuperar los movimientos de su cara.
Este lunes, la artista brindó un móvil desde su casa para Los ángeles de la mañana. Ya mucho mejor anímicamente, llevó tranquilad. “Es la primera vez que me muestro, ni me miraba en el espejo. Estoy feliz del trabajo que hacen los médicos, porque me quedó una parálisis facial de este lado –el perfil izquierdo de su cara- me sonrió y todavía no tengo la cara de antes. Me arreglaron la cara porque era un monstruo. Me explotó la cara, sentí que me piso un tren”, manifestó y hasta recordó el esguince de tobillo que había sufriendo días anterior al herpes.

Por otra parte, explicó cómo vivió todo el procedimiento: “Yo decía que tenía parálisis en la lengua, porque no podía hablar. Después me explicaron que no, que era el labio y eso provocaba que la palabra no salga bien, me salía raro”, le contó a Ángel de Brito y al mismo tiempo, remarcó las ganas de volver a trabajar: “Yo le dije a mi coach del Cantando, a Hernán, que me probara y me dijo que no, que cantando es como los tartamudos, que cantando no tartamudean, en mi caso sería así”.
Retomando y explayándose sobre su problema de salud, contó que lo más complicado que tuvo fue la zona de su ojo izquierdo. En su relato dejó en claro que si no había una intervención rápido podría haber perdido la vista. “Mi oftalmólogo, que es infectólogo, me salvó el ojo, porque el yo tenía comprometida la zona y el herpes te come la visión, te come la cornea, es terrible”.
Al mismo tiempo, contó que con lo vivido a raíz del cáncer que tuvo Federico vivió dos episodios. “En primer lugar el estrés cuando me lo contó, que no lo podía ver, las cadenas de oraciones con mis amigas. Por otro, cuando vino y me contó que estaba recuperado. Ese fue otro tipo de estrés, de alegría, como que me relajé y caí”.
Por último, recordó con gracia el momento en el que se lo contó a su hijo y el fue a verla: “Cuando vino a verme y yo no podía ni hablar me dijo ‘no me hagas un personaje, mamá. Vestite y andá a cantar’. No me creía”, detalló y dijo que volvería al Cantando para la gala de homenajes.

