Atila, el rey de los hunos, invadió el Imperio Romano de Oriente y también la Galia. Los romanos, quienes fueron derrotados, culparon al referí. Todo tiene que ver con el fútbol, porque el rey de los hunos es el rey de los arqueros. Y esto es verdad, porque entre las tropas de Atila había muy buenos arqueros. También se dice que donde pisaba el caballo de Atila no volvía a crecer el pasto.

   Pues, Atila debe haber revivido y pisado con su caballo la cancha de River. ¿Vieron cómo estaba el campo de juego de ese estadio cuando jugamos contra Bolivia? Desastroso y miserable. Parecía un cubrecama: sólo con flecos en las orillas. Los jugadores fueron a reconocer el piso y no pudieron, estaba irreconocible. Volvieron con los botines llenos de polvo, porque el piso era tierra como en la cueca cuyana. La pelota se deslizaba como si estuviese corriendo una carrera con obstáculos. Es que los de River necesitan plata, como todos los clubes, para hacer frente a las pérdidas de ese negocio millonario del fútbol.

   Y, entonces, organizan festivales en la cancha, adonde van miles de personas, muchas más que en cualquier partido, y eso les deja unos mangos para garpar gastos, pero también deja el terreno de juego más poceado que la calle Godoy Cruz. Los jugadores se agarraban la cabeza, “a ver si por un cualunque partido de la selección nos lesionamos y no podemos jugar en nuestros clubes”. Allá, en Europa, las canchas son un billar. El partido se jugó y Argentina ganó, pero da vergüenza el estado de la cancha.

   Creo que no tenemos que quedarnos solamente con el estadio Monumental, hay muchos que están peores. En fin, como dice el refrán: en la Cancha se ven los pingos y en el hipódromo los jugadores de fútbol.