La autora de La saga de los confines y Tiempo de dragones tenía aún muchos sueños por cumplir. Su talento no tenía límites, de hecho, su proyecto a futuro era llevar a la pantalla grandes sus cuentos, para lo que ya se encontraba trabajando desde hace varios años.
La autora irrumpió con la primera parte de la Saga de los Confines en 2000, obra que se convirtió en un longseller, uno de esos libros que si bien no irrumpen en los rankings de los más vendidos se convierten en éxitos a lo largo del tiempo.
La saga de Bodoc sorprendió, de hecho, a la industria, porque en Argentina no hay grandes referentes de lo épico en la literatura. El prestigio y los lauros que la saga fue ganando con el tiempo, y con la publicación de los libros 2 y 3, permitió que el público masivo se fuera acercando lentamente a los libros hasta convertirse en un éxito que, además, trascendió las fronteras argentinas.
“Tiempo de dragones” iba a ser rodada en idioma inglés en la Patagonia argentina, con producción a cargo de Alejandro Kahanoff, CEO de Living Room Films y Fernando Sirianni, CEO de Nomad VFX. Además, iban a ser llevados al cine con concepto gráfico del artista, también argentino, Gustavo “Ciruelo” Cabral que dibuja y pinta principalmente dragones, guerreros, ninfas y hadas, protagonistas de lo que se conoce como fantasía épica, instalado hace cuatro décadas en Sitges, España.

La historia tiene que ver con la hermandad entre humanos y dragones, y comienza con la llegada de estos reptiles fantásticos a América latina,más precisamente a la aldea de los Ochila, un pueblo originario del continente donde el círculo y el fuego es el centro de la vida de sus pobladores.
Su último trabajo
El año pasado, la escritora decidió emprender un nuevo desafío, muy lejos de lo fantástico y más próximo a los social. Así escribió Elisa, un retrato social de un sector de clase baja desesperanzado que no tiene más posibilidades que hundirse en la marginalidad o huir hacia adelante. Elisa, la joven protagonista, huye hacia adelante sin saber bien hacia dónde se dirige o con qué demonios (por tomar palabras de la escritora) puede cruzarse en la ruta.
“En este trabajo hay varias cosas que abordé por primera vez. En primer lugar, viajar para escribir. Luego, trabajar dialogando de manera virtual con una novela. Fue una idea anterior al libro que se le ocurrió a la editora de Norma, Laura Leibiker. Me pareció una propuesta interesante y genuina porque había un viaje real que podía documentar. Por eso, desde el aeropuerto mismo comencé a generar material”, contaba Bodoc en una nota en La Nación.
