En los quioscos se usan como moneda los caramelos Alka. Siempre me pregunté cuál fue el criterio que utilizó el Banco Central de la República Argentina, en su momento, para valorizar a los próceres o, en todo caso, para procerizar los valores. Que Mitre valga dos pesos, vaya y pase, pero que San Martín valga cinco, me parece un despropósito, cuando Rosas vale veinte y Roca cien. Es como si dijéramos que Roca vale veinte veces más que San Martín, hasta parece una falta de respeto, che, y que Rosas valga el doble que Belgrano, también. Inclusive, hay algunos próceres que no figuran y que deberían haber tenido alguna valoración, por lo menos en las monedas, quiero decir Moreno, Saavedra, Alberdi y Güemes, entre otros. La cara de Roca es la más anhelada, porque es el billete más grande que produce el Banco Central. Tener una cara de Roca en la billetera ya es algo importante en estos días. Ahora se está propugnando lo que para muchos es una reivindicación histórica. A Roca se lo liga con una época de progreso de nuestro país, pero también, y esto es una evidencia enorme como un embarazo de cuarenta y cinco meses, Roca fue el ideólogo del exterminio de los indios de la Patagonia, una historia oscura, muy oscura de nuestro país, que todavía tiene que ser analizada y calificada, lo mismo que lo ocurrido en la infame guerra del Paraguay. Entonces, en remplazo de Roca, se propone una mujer. Al parecer la elegida es Juana Azurduy, que todos recordamos a través de la canción de Ariel Ramírez y Félix Luna, “Juana Azurduy, flor del Alto Perú, no hay otro capitán más valiente que tú”. No es mala idea che, primero para rectificar historias que, de pronto, hacen héroes a quienes en su momento cometieron mucho daño y, segundo, para darle cabida a la mujer en este, que es un asunto de peso. Me va a gustar mucho ver a Juana en los billetes de cien pesos, y mucho más si esos billetes son míos.
Billetes
Sabido es que el Banco Central de la República Argentina es el que fabrica los billetes y las monedas que andan dando vuelta por nuestro país, sobre todo, en los bolsillos de los opulentos.
