Los barrabravas son personajes nefastos del fútbol. Han cobrado relevancia en los últimos tiempos, y no por acciones de beneficencia precisamente. Han sido responsables de violentos enfrentamientos, de luchas sin cuartel, de asesinatos. Ahora tienen negocios relacionados con el fútbol: venta de entradas, tours turísticos, plata que reciben de los dirigentes, plata que reciben de algunos planteles, patovicas en los recitales que se den en el estadio del club que apoyan, estacionamiento en las playas aledañas a los estadios, plata que reciben de los políticos para fogonear sus campañas, venta de drogas.

    No, si no es todo subirse a una tribuna y gritar hasta que la garganta estalle por sus colores predilectos. De algo hay que vivir. Y ellos encuentran muchos modos de subsistencia. Por eso no extraña que muchos de ellos viajen a Sudáfrica a ver el Mundial. Tienen plata o tienen recursos para conseguir pasajes, viáticos y algún dinerillo para traerles souvenirs a sus familias. Ahora, que viajen en el mismo avión que usó la delegación argentina para cruzar el charco ya aparece como un exceso de confianza, che. Pues así ocurrió. Por supuesto que la AFA salió a negar cualquier participación en el hecho. Es una coincidencia.

   Claro que a uno le queda alguna duda al respecto. La cuestión es que los barrabravas ya están en Pretoria, y ayer mismo fueron a visitar al plantel argentino. La policía de Pretoria está más preocupada que ternero viendo limpiar la parrilla, y no es para menos, nuestros muchachos tribuneros están considerados como altamente peligrosos por los encargados de controlar la seguridad del Mundial.

    Así que a aquel que hace líos en las canchas, que hace negocios espurios en las tribunas, que recibe prebendas de los poderes de turno, se lo premia con un viaje al mundial. ¿En donde se estudia para ser barrabrava? Porque a mí me gustaría recibir un castigo semejante. Están en Sudáfrica, se los puede distinguir porque usan colores celeste y blanco debajo del chaleco antibalas. Eso sí, ninguna agencia de turismo se anima a ofrecerle un safari. Tienen miedo de que los leones se asusten.