Los gobiernos siempre trataron de aprovechar la popularidad de artistas y deportistas para mejorar sus performances electorales o para tratar de imponer algunas de sus ideas recurriendo a las pasiones masivas (masivas, no más IVA, porque lo único que falta es que nos hagan pagar IVA por una pasión). El deporte es un campo propicio para tales acontecimientos. Sabemos que los barrabravas de los clubes tienen poder, poder de juntar gente y que la gente les responda, y esto no todos los políticos los tienen.
Por lo tanto, entran los gobiernos en connivencia con los barrabravas y se formalizan negocios al respecto. Pero grandes y variados negocios: venta de entradas, tours turísticos con la protección de la barra, venta de merchandising, llaveros, aplicaciones, escudos, banderas, fotos de Lugo (semental de América), posters de los jugadores y varios etcéteras más. Bien, en el partido de Boca y River, el superclásico que lo único que tuvo de súper fue que fue súper aburrido, las hinchadas antagónicas, rivales, enemigas acérrimas, irreconciliables, portaron ambas banderas similares.
Es decir, con el mismo contenido de leyendas, atacando duramente al diario Clarín y pidiendo la televisación gratuita de los partidos de fútbol. ¿Curioso, no? ¿Se pusieron de acuerdo? ¿Alguien las puso de acuerdo y las convenció de lo necesario que era hacer este tipo de exteriorizaciones o simplemente corrió la guita para que las dos barras bravas coincidieran, tal vez por primera y única vez en sus vidas? Mirá, la cuestión es más evidente que elefante con tresespinillas en la misma nariz. Dicen las malas lenguas que los capos de ambas corporaciones tribunescas recibieron algo así como cien mil dólares del Gobierno por realizar tamaña acción.
Por supuesto, el Gobierno lo desmiente con uñas y dientes y con las declaraciones de funcionarios que rechazan de plano semejante acción. Pero algo hubo, ¿vio? La Organización de Familiares de las Víctimas por la Violencia en el Fútbol dice que así se muestra la doble moral de los que nos gobiernan. Porque en el superclásico el Estado atendió por dos ventanillas. Por una, aplicó a medias el derecho de admisión, y por otra, pactó con los barras el ingreso de las banderas. Todo le sirve a la política, a ver cuándo hay algo que nos sirva a nosotros.
