Amo este país donde la vida me entregó cuerpo y nombre. Lo amo desde antes de nacer, porque ya mis padres lo amaban cuando aún su amor no daba conmigo. Lo amo en los genes criollos que pueblan mi ADN y que impulsan mi emoción más allá de las palabras. Sé que tenemos una historia de desencuentros que más de una vez terminó con sangre, sé que todavía no logramos hacernos enteramente, que hemos sido educados en la teoría del salvate solo, del no te metás, de hacé la tuya; sé que por ahí nos agrandamos como galletita en la leche y nos salimos de madre, se nos va el cauce por la tierra empujado por la vanidad y el egoísmo.

    Sé hemos engendrado historias demasiado oscuras, de esas que se muestran en la oscuridad de todo el universo. Pero amo este país, este querido triángulo territorial con una altura excesiva para su base. Amo sus distancias cubiertas de paisajes y el asombro de mirar más belleza de la que pueden abarcar dos ojos. Amo nuestro origen de abuelos exiliados que venían a hacerse la América sin saber que la América ya estaba hecha y repartida.

    Amo la forma de ser de abrazo siempre abierto, la solidaridad que no se queda a mirar desde afuera, la inventiva que nos permite zafar de situaciones difíciles. Amo la tonada trasnochada y la zamba hecha pañuelo. Amo en el tango esa irremediable nostalgia que huele a barrio y a bandoneón enamorado. Amo esta mezcla de razas, de culturas, de religiones que ha dado un tipo único e irrepetible. Amo en la noche las estrellas que nos miran, amo en el campo la voluntad de futuro de las semillas. Amo a las mujeres y a los hombres que dieron su vida por un amor parecido al mío.

   Amo esta forma de ser, de ser familia, de ser amigos, de ser horizonte. Amo en mis hijos lo que seré cuando no exista. Amo en cada pájaro, en cada vuelo, a esos que ahora mismo están diciendo patria con un mendrugo de pan en sus manos. La escarapela me acompaña, me la he puesto desde hace algunos días, hace frío y quiero sentirme a cubierto. Me la puse en el pecho, porque quiero que sepa el mundo que, bajo ella, bien adentro, mi corazón tiene los mismos colores: celeste y blanco.