Son días movidos en el complejo Penitenciario III de Cacheuta, Almafuerte. Al hallazgo de un arma de fuego en el interior de un paquete de yerba, riñas con heridos –algunos de gravedad–, rivalidades entre reos con varios años alojados en los diversos módulos, se le sumó en las últimas horas una pesquisa que se manejaba con la mayor de las reservas: las autoridades están buscando desde hace días un túnel debajo de una serie de módulos.

Se toparon con información de primera mano sobre una fuga masiva de internos y descubrieron “ruidos extraños” registrados a varios metros de profundidad, en la zona del parque automotor.

Ante esto, el director del Servicio Penitenciario, Eduardo Orellana, ordenó que se rastrillara el módulo más cercano a ese sector, Admisión 2, ubicado a unos 150 metros.

Básicamente, trazaron una circunferencia desde el punto donde se sintieron los ruidos y llegaron hasta el módulo más cercano. Así fue que terminaron en esa nave.

En su mayoría, allí están alojados presos de muy buena conducta. Y el más conocido es Marcelo Araya, conocido como el Gato, apodo que él siempre a negado porque viene desde la policía.

A este interno condenado a prisión perpetua por instigar homicidios apuntó la inteligencia penitenciaria como el que podría haber estado ordenando cavar el túnel, contaron fuentes consultadas por El Sol.

A pesar de esto, los resultados fueron negativos. Más de 50 guardiacárceles, entre ellos grupos armados y los jefes, como el director del establecimiento, Manuel Beltrán, iniciaron los primeros trabajos e irrumpieron en el citado módulo el sábado a las 18.

Posteriormente, ordenaron que se abrieran todas las celdas. A pesar de los rastrillajes, no se encontraron huecos sospechosos en la celda de Araya ni la de los otros reclusos que llevaran a sospechar que un grupo de reos de ese pabellón podría llegar a fugarse.

Las requisas compulsivas continuaron durante el domingo, lunes y martes en otros módulos, como el 1 y 2.

De acuerdo con fuentes penitenciarias que dialogaron con este diario, tampoco dieron con pruebas que confirmaran que presos estén cavando un túnel para escapar de la cárcel, debido a que los sensores de movimiento no se habían activado.

Además de los pabellones, también se realizaron inspecciones oculares en las afueras de la cárcel y en los patios internos con el objetivo de detectar montículos de tierra pero las diversas zonas no se mostraban adulteradas.

Debido a esto, el personal que trabaja en inteligencia penitenciaria sospechaba de que podría tratarse de información falsa por problemas entre presos.

Si bien fueron guardias los que escuchaban los ruidos extraños debajo de la tierra, al contrastarlo con lo aportado por los informantes internos se concluyó que podrían estar frente a la realización de maniobras para una evasión.

Desde el hallazgo de un revólver calibre 22 escondido en el interior de un paquete de yerba (en un lugar donde tiene más acceso el personal penitenciario que los internos), la noche del jueves 13 de agosto, internos han profundizado sus rivalidades.

Una de las hipótesis sostiene que esa arma pertenece a pesos pesados alojados en el sector de máxima seguridad. Otra, que podría tratarse de maniobras de penitenciarios que la introdujeron para luego llevarse el crédito sobre el hallazgo.

Más allá de las teorías y las sospechas, después trascendió lo del presunto túnel debajo de algunos módulos y se profundizaron las rivalidades entre los presos, como la riña ocurrido durante la noche del martes en el módulo 3-4, cuando se enfrentados dos grupos con armas de fabricación casera.

Pasadas las 11, internos iniciaron peleas y varios terminaron heridos. Entre ellos un ex barra de Godoy Cruz condenado a perpetua por homicidio, Diego Faba, quien sufrió un puntazo en el tórax y terminó internado.