Buenos días, a pesar de todo. No es mi intención faltarle el respeto a ningún presidente americano, porque todos han sido elegidos por sus pueblos, y por respeto a sus pueblos, respeto a su elegido. Pero, como soy criticón, no puedo dejar sin criticar las declaraciones del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, referidas al atentado que ya hace… soportó la AMIA en Buenos Aires y que costó … víctimas. Correa, al ser consultado, dijo algo así: “Comprendo el dolor que significó este hecho para los argentinos pero muchas más muertes hubo en los ataques de la OTAN a Libia. Hay que distinguir bien dónde están los más violentos”. Digo yo, este muchacho, ¿habrá estudiado diplomacia con la barra brava de Boca Juniors? La comparación es tan absurda como si yo dijera: “Miren, es muy doloroso lo que pasó en Argentina durante los años de dictadura, pero muchos más murieron por los nazis”, como si la comparación redimiera de culpas a los que provocaron tanto horror y muerte. Señor Correa, contésteme esto: “¿Qué tiene que ver el chorizo con el camino a El Challao? La única semejanza de sus ejemplos es que hubo muertos y son tan reprobables los bombardeos a Libia como el atentado a la AMIA. No se puede minimizar a ninguno ¿O es que existe, señor presidente, una masacre más buena que otra? ¿O es que un genocidio es más bonito que otro? Por favor, usted es el presidente de un país democrático, y todo país democrático debe estar en contra de la violencia, venga de donde venga; debe defender la paz cueste lo que cueste y no puede argumentar benignidad en los atentados o en la guerra. El atentado a la AMIA, señor presidente, no fue sólo contra los judíos: fue contra todos los argentinos, que hemos sufrido mucho con la violencia y la intolerancia y hemos dicho nunca más. Se están extinguiendo las tortugas de las islas Galápagos, pero no importa, peor es la caza de ballenas de los japoneses. ¿Le gusta la comparación, señor presidente? Le voy a recordar algo, señor presidente, un texto que dice: “La Nación propugna la solución pacífica de las controversias y los conflictos internacionales y rechaza la amenaza o el uso de la fuerza para resolverlos”. No son palabras de un argentino, señor presidente, son palabras de la Constitución del Ecuador. Fíjese en su tren delantero, don Correa, porque se fue al pasto.
Al pasto
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