Nos cuelgan los brazos y son cosas importantes las que cuelgan. Los brazos sirven para un montón de actividades: trabajan, empujan, impulsan, levantan, juegan. Son indispensables a la hora de jugar al básquet, de colgar la ropa, de atarnos los cordones de los zapatos, de bailar la chacarera. Son adminículos notorios los brazos. Pero hay una función que se eleva por todas las otras, cuando rodean a un cuerpo y se transforman en un abrazo. Abrazar es entregarse de cuerpo entero, y a veces lo practicamos poco. Nos encontramos con un amigo que hace mucho tiempo no vemos y le extendemos la mano para que la estreche. Ese es un boceto de abrazo, una minúscula proporción de todo lo que podemos entregar. El abrazo obliga al choque de los cuerpos, al contacto masivo de dos personas. Puede ser un abrazo formal, como cuando se juntan dos presidentes y entonces lo hacen para la foto, porque tal vez dentro de ellos no existe voluntad de ser afectuosos. Hay abrazos que son más falsos que dólar celeste. Pero hay momentos en que el abrazo adquiere la categoría de bálsamo, de remedio, de alivio, de contención, y entonces es como un resumen de toda la vida que uno le puede otorgar a toda la otra vida que aguarda. Decimos “venga ese abrazo del alma” y estamos diciendo algo coherente: el abrazo del alma es aquel en el que ponemos todas nuestras ganas, nuestros cariños. Yo sé que por ahí hay tipos corpachones que cuando te abrazan es como si te hicieran toda una terapia en contra de las contracturas, más que abrazar parecen exprimir tipo boa constrictor y después te duelen todos los huesos por haber estado inmerso en esa emoción descontrolada del otro. Pero hay abrazos que son como una terapia, que valen como cinco psicólogos de los que no atienden por mutual. Esos son los necesarios a la hora de ponerle el cuerpo a la solidaridad. No hablo del abrazo del amor, porque es obvia la intención de ambos contendientes de entregarse con la mayor cercanía posible. Hablo del abrazo reparador: el tipo está jodido, la está pasando mal, la vida se le vino encima con pesos que son insoportables, y de pronto alguien viene y le da un abrazo de corazón abierto, y entonces el tipo siente que alguien lo quiere, que alguien lo protege, que alguien lo ampara, y la cosa cambia para el lado de las buenas cosas. No le mezquine abrazos a las personas queridas. Aunque no esté catalogado como poesía en los libros de literatura, definitivamente, esa clase de abrazos es entera poesía.
Abrazo
No le mezquine abrazos a las personas queridas. Aunque no esté catalogado como poesía en los libros de literatura, definitivamente, esa clase de abrazos es entera poesía.
