Hasta 1830 y desde la creación del Virreinato, las mujeres lucían trajes de origen español que incluían enaguas de lienzo adornadas con gran cantidad de puntillas cubiertos por faldas largas y anchas. Las camisas eran de lino con encajes y sobre ésta se llevaba un chaleco. Las formas de distinguir las clases sociales, además de las telas que se usaban en los trajes, eran las prendas para cubrirse la cabeza. Las clases altas usaban mantillas de seda y las de menor condición lucían rodetes con peineta cubiertos por telas comunes. En esta época los vestidos eran complejos y recargados y el uso de peinetones era nota de distinción. Las faldas eran cada vez más grandes y largas.

En 1857 desaparecen los peinetones y se usa el cabello con raya al medio y recogido por bucles que caían hasta los hombros. En estos años las faldas surgidas en Francia llegan a Buenos Aires, éstas tienen forma de cono gracias a los aros de acero que llevan desde la rodilla hacia abajo.

1890 la moda se perfila a un estilo más ágil y dinámico. Se usan vestidos encintados en raso y sumamente entallados, con pendientes largos como accesorio primordial.

La prenda que caracteriza esta época es el corsé que en 1870 afinaron cinturas hasta medir entre 43 y 50cm.

En los primeros años del 1900 el corsé llega a su fin. La guerra produce cese económico y es aquí cuando Coco Chanel introduce su estilo en la moda europea que influyó en Argentina. En 1915 impone modelos en seda artificial, laza los jersey, los trajes sastres, las perlas falsas y la vestimenta masculina para mujeres.

Entre 1914 y 1918 tuvo furor la moda de las túnicas. El estilo egipcio estaba comenzando a generar alto impacto y las mujeres argentinas copian esta moda usando túnicas bordadas y con apliques.

En 1920 el maquillaje comienza a ser más violento, se usa rouge en los labios y mejillas, las cejas depiladas se dibujan y pintan exageradamente. Esto exigía vestidos a media pierna en línea recta y sin cintura.

Entre 1924 y 1929 los pantalones Oxford, muy anchos en la parte inferior, se usaban bien altos para destacar el pecho y los hombros, lo acompañaba un suéter escote en V y las bufandas que aparecieron en esos años.

En 1930, continúa la moda egipcia con ojos bien cargados de pintura. En l noche se usaban trajes largos de línea angosta y adherente con volavolados al bies, ruches plisados y moños. Así se resaltaban las formas femeninas, rellenas en ese entonces. Se usan los adornos en piel como también el forrar los sacos con la tela de las blusas y usarlos en conjunto. El saco en el hombro era el pretexto para mostrar las blusas, mientras que el peinado tendió a ser corto y pegado al sombrero que permitía lucir aros o gargantillas.

Comienzan a usarse los zapatos con suela de madera y corcho y los sombreros coloridos y adornados eran la nota de distinción de las féminas. Llevaban apliques de plumas, azabaches, canutillos, algunos eran de encaje con piedras y cristales lo cual necesitaba de manos bordadoras ágiles y precisas.

En 1950, después de la guerra, los trajes sastre se vuelven femeninos: talles estrechos con sacos de variadas formas ajustados al talle. A fin de la década el batido causó furor en los peinados.

En 1960 los vestidos recreaban la línea Charleston de los años 20 con recortes, talle alto, botones y bolsillos aplicados en las faldas. La vestimenta nocturna consistía en mucho brillo y los vestidos siempre destacan las piernas que se cubrían con medias de colores, laminadas, caladas y de encaje.

Era casi obligación que el pelo fuese lacio, mientras que el cómo peinarlo podía variar según los gustos. El maquillaje hizo hincapié en el delineado de ojos para que resaltaran mucho y tanto en labios como uñas se usaban colores nacarados. Tras 1965 las pelucas causaron sensación y se las usaba de pelo sintético o natural.

En la década de 1970 los jeans se presentaban como opción para todo tipo de vestimenta y a cualquier hora del día. Se los acompañaba con sacos de piel y camisas de seda. Las mujeres trabajadoras adoptaron un look natural para demostrar que ya el aspecto no era lo más importante en la vida de la mujer. La moda hippie tuvo muchos seguidores en ésta época en donde el estilo natural y la figura de mujeres delgadas prevalecían.

En 1980 el estilo ya no se limitaba al maquillaje, ropa, accesorio y peinados, ahora las profesiones y ocupaciones eran parte de la moda femenina. Las mujeres querían destacarse por sus trabajos y así fue como se inició el estilo yuppie. El cuerpo debía lucir entrenado, natural y joven. Los productos contra el envejecimiento hicieron furor en esta década y la medicina comenzó a ligarse a la estética. El maquillaje de día era en tonos naturales ya que la vorágine laboral no permitía perder tiempo en ello.

En 1990 las Top Models se convirtieron en estrellas y modelos a imitar por la mayoría de las mujeres. Ellas aportaban glamour y la mujer común agobiada por el trabajo quería verse tan esbelta y seductora como las supermodelos. Pero en esta época surgió un fenómeno antimoda que proponía mujeres desalineadas, mal combinadas. Y, aunque no haya perdurado en el tiempo, el descontructivismo perduró en la moda durante toda la década.

En la primer década del 2000, la moda volvió a la imagen de mujer natural aunque retomó de cada periodo alguna característica. Entonces se proponen estilos vintage donde se trae lo viejo y se lo renueva bajo esta mirada natural. El diseño de autor, en la vestimenta más elegante, es la tendencia más importante de estos años. 5