Alberto Fernández intenta fortalecer su figura y respirar aires de apoyo provinciales después del cimbronazo político por las visitas y la fiesta en Olivos en plena cuarentena estricta, que provocó fuertes cuestionamientos. Por eso, a menos de tres semanas de las PASO, se alejará del conurbano bonaerense y se desplaza al interior del país, donde se siente más cómodo por su llegada con gobernadores afines.
De esta manera busca replicar el modelo proselitista que desplegó en 2019 en el territorio que considera su principal base de sustentación política. El lunes estuvo en San Juan, este miércoles visitará Catamarca y el viernes viajará a La Pampa, bastiones dirigidos por jefes provinciales del peronismo con los que mantiene buena relación y donde el kirchnerismo tiene una llegada más complicada. Y para la semana próxima tendría planificada una visita a Entre Ríos, con cuyo gobernador radical Gustavo Valdes cosechó un vínculo cordial.
“Por lo de Olivos Alberto no va a dejar de ponerle el cuerpo a la campaña”, le dijo al portal Infobae uno de los encargados del armado en las provincias. “El primer sprint de campaña estuvo dirigido a mostrar unidad en el conurbano, donde tiene más peso Cristina. Ahora viene una etapa de división de tareas. Nos desplegamos y abordamos”, describió un portavoz presidencial, que descartó que estén planeadas visitas a distritos adversos. Entre ellos, Mendoza.
En el año y medio que lleva de gestión, Fernández apostó a construir poder en el interior del país a través de sus vínculos con gobernadores propios y opositores. Por eso, mientras sigue el escándalo por la reunión social en la residencia oficial durante la cuarentena, el Presidente se refugia en ese terreno más favorable, según sus asesores, y desde donde buscará aportar a la campaña a partir de ahora.
En el equipo del primer mandatario niegan que la orientación del timón de la campaña del Presidente desde el conurbano hacia el interior sea para protegerlo después del “Olivos Gate”, como se llamó al escándalo en las redes sociales. Aunque admiten que su imagen resultó golpeada tras el escándalo, creen que ese impacto es menor en el interior y restringen el problema principalmente a las “grandes ciudades”.
“Puede ser que le haya hecho daño a la forma en que se lo ve a Alberto. Pero no va a influir en el voto a la marca del Frente de Todos”, relativizó un vocero.
