La jura de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete dejó una imagen que rápidamente dio lugar a interpretaciones políticas dentro del oficialismo. Tras meses de una interna marcada por diferencias en el manejo de la comunicación del Gobierno, Santiago Caputo y el exvocero presidencial Manuel Adorni se fundieron en un prolongado abrazo que fue leído como una posible tregua luego de la reestructuración impulsada por Javier Milei.

El gesto se produjo una vez finalizada la ceremonia de asunción de Santilli en la Casa Rosada. Caputo y Adorni permanecieron varios segundos abrazados, intercambiaron algunas palabras y, antes de retirarse, el principal asesor presidencial lanzó un guiño a quienes seguían la escena.

La secuencia no pasó inadvertida entre funcionarios y dirigentes presentes, que interpretaron el episodio como una señal de distensión después de meses de enfrentamientos internos.

La relación entre ambos se había deteriorado progresivamente desde el inicio de la gestión. Mientras Adorni era la cara visible del Gobierno en las conferencias de prensa, el equipo de Caputo buscaba concentrar el control de la estrategia comunicacional y definir de manera centralizada el discurso oficial.

Esa superposición de funciones derivó en una disputa de poder que se profundizó a medida que el entonces vocero ganaba influencia dentro del entorno presidencial, especialmente por el respaldo de Javier Milei y de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.

Según fuentes oficiales, los hermanos Milei habían transmitido a los integrantes del Gobierno la necesidad de sostener públicamente a Adorni pese a las diferencias internas. Sin embargo, la tensión nunca desapareció y terminó coincidiendo con el avance de la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito que involucró al exfuncionario y desembocó en su salida de la Vocería Presidencial.

La designación de Adrián Ravier como nuevo vocero y el desembarco de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete reconfiguraron el equilibrio de poder dentro de la administración libertaria. En ese contexto, el abrazo entre Caputo y Adorni fue interpretado como el símbolo de una nueva etapa para el oficialismo, aunque todavía persisten las dudas sobre si se trató de una reconciliación genuina o de un gesto destinado a exhibir unidad tras semanas de fuerte turbulencia política.