Semanas atrás falleció el presidente de Alfajores Jorgito, empresa fundada hace más de medio siglo. El Jorgito que dio origen a la marca de alfajores era el hijo del dueño de una pequeña fábrica que producía bizcochuelos y alfajores para panaderías. Cuando la planta fue adquirida por Fernández y Amador Saavedra antes que elegir un nombre nuevo decidieron conservar la marca y relanzar el alfajor apuntando a insertar el producto en los quioscos de las escuelas.
La historia de Jorgito tiene puntos de contacto con la de Fantoche, otra marca histórica del mundo alfajorero. “Los alfajores Fantoche empezaron a ser elaborados por una panadería en el barrio de Lugano fundada por unos inmigrantes que trajeron la receta y el nombre desde Italia. A principios de la década del 60, la confitería y todas sus marcas fueron adquiridas por los actuales dueños de Fantoche, y lo que hicieron fue sumarle el concepto de alfajor triple Fantoche, y hoy la palabra triple es una marca registrada de la compañía”, aseguró Claudio Messina, gerente de marketing de Fantoche.
Poca información hay sobre la historia de alfajores Capitán del Espacio. La marca nació en Quilmes en la década del 60, y a su dueño (Ángel Lineo de Pascalis) nunca le interesó hacer publicidad ni mucho menos contar la historia del nombre. La falta de información alimentó un montón de versiones. Una era que la marca era un homenaje a la canción “El anillo del capitán Beto”, del grupo Invisible. Otra era que el nombre estaba inspirado en el astronauta Neil Armstrong, teoría que se veía reforzada por el hecho de que el logo del alfajor era un niño astronauta. Sin embargo, tanto la canción de Luis Alberto Spinetta -que data de 1976- como la llegada del hombre a la Luna (1969) son posteriores al nacimiento de los alfajores quilmeños.
En cuanto a Havanna, marca que nació en 1947 en Mar del Plata, y dos de sus socios originales -Luis Sbaraglini y Benjamín Sisterna- también eran dueños de una confitería bailable de la ciudad balnearia que funcionaba con el nombre de Confitería Show Havanna, una adaptación (con una “n” más) de la traducción al inglés de la capital cubana.
En internet circulan muchas versiones de la marca Cachafaz, principales rivales de Havanna. Una de las más difundidas es la que asegura que el nombre es un homenaje al bailarín de tango Benito Bianquet, alias El Cachafaz. Sin embargo en el barrio de Liniers, donde nació la marca, aseguran que Cachafaz era el apodo con el que todos conocían a uno de los hermanos Alcaraz, los dueños y fundadores de la firma.
También hay otros productos además de los alfajores con mucha historia. La oblea Tita fue creada por Edelmiro Carlos Rhodesia en 1949 y bautizada en honor de Lidia Martínez de Terrabusi, una viuda que unos años antes se había convertido en su esposa. Diez años después -con Rhodesia ya fallecido-, Lidia Martínez decidió vender la empresa a un primo de su ex marido, José Félix Terrabusi, que en la década del 70 lanzó la oblea Rhodesia en homenaje al creador de Tita. Edelmiro Rhodesia y Lidia Martínez, además, tuvieron una única hija, Melba, que también fue el nombre elegido para crear su línea de galletitas de chocolate.
El nombre del fundador también está detrás de otras golosinas. DRF nació hace 101 años de la mano del emprendedor Darío Rodríguez de la Fuente, que eligió las siglas de su nombre y apellido para bautizar a las pastillas de menta. De la misma época datan las galletitas Ópera, que nacieron junto con el Teatro Colón -inaugurado en 1908- y de ahí tomaron su nombre tan musical.
Fuente: La Nación
