Aprobar en general y rechazar en particular. Esa será la estrategia de la oposición calificada como “dialoguista” para apoyar al oficialismo en la difícil tarea de hacer pasar el proyecto de ley ómnibus; lograr la media sanción en Diputados y llevar la discusión a la Cámara de Senadores. Y darle así al presidente Javier Milei un triunfo acotado, pero del cual, si es inteligente, podrá sacar rédito.
El último encuentro de este domingo entre gobernadores de Juntos por el Cambio con los diferentes jefes de bloques en la Cámara Baja dejó en claro que el modelo a seguir será el del acompañamiento con condiciones.
Entienden que es una forma, además, de aportar un poco de sensatez al gobierno y, de alguna manera, ofrecer volumen político para evitar que tropiece y que el kirchnerismo se lo lleve puesto.
Es decir: la intención de sostener para ver si finalmente puede haber un rumbo definido es radicalmente opuesta a la postura de Cristina Fernández, que busca volar por debajo de la línea de radar y dejar que el Ejecutivo caiga por su propio peso.
La ex presidenta evita exponerse. En su lugar, son sus agrupaciones proxys las que llevan adelante la tarea de desgaste. El paro convocado por la CGT para este miércoles es una de las maneras de operar. Eso, por el lado sindical. Desde lo social, los tentáculos llevan los nombres de los diferentes movimientos de izquierda; más combativos y dispuestos siempre a generar caos social.
Tanto en el Pro como en la UCR y en Hacemos Coalición Federal saben que, en medio de la crisis total, tienen un rol casi pacificador. Y se están encargando de hacérselo saber al Gobierno.
El tema es que en el Ejecutivo los interlocutores no siempre son válidos, y están viendo cierta anarquía producto de la naturaleza misma de La Libertad Avanza: lo que acuerdan con los funcionarios es pasible de ser destruido por el mismo Milei es un solo tuit. Y, a partir de ahí, hay que volver a construir.
Algo de eso ven en el borrador del proyecto “Bases…”. Se barajan tres hipótesis: o fue una gran estrategia del oficialismo poner artículos de más y tener de dónde agarrarse para negociar; o cada uno jugó su propio juego y planteó propuestas según sus intereses y se descontroló, o es un festival de improvisaciones.
Como sea, los jefes de bloques están esperando que todos los cambios sugeridos y negociados para poder avanzar en un dictamen de mayoría aparezcan por escrito este lunes. De ser así, habrá un nuevo encuentro virtual entre los máximos representantes de esa oposición –entre ellos el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo- para ya definir posturas claras y evitar las internas. Además, esperan una señal por parte del presidente para poder sobrellevar la crisis originada tras la decisión de Sergio Massa cuando era ministro de Economía de echar mano al Impuesto a la Ganancia y desfinanciar a las provincia por la quita de un impuesto coparticipable.
Si las modificaciones son explícitas y redactadas tal cual fueron planteadas, irán con el oficialismo. Incluso, saben que si algunos puntos no presentan variantes, no pasarán la votación en particular. Ejemplo, las retenciones a la exportación de vino o los cambios a la Ley de Hidrocarburos. Nada de eso debería aparecer en el nuevo despacho.
Dentro de esa oposición dialoguista existen puntos oscuros. El radicalismo padece del mismo síntoma de exceso de egocentrismo que se le cuestiona al Gobierno. Y el que lo está sufriendo es el presidente del bloque en Diputados, Rodrigo de Loredo. Cada vez que se reúne con el oficialismo y logra algún consenso, a sus espaldas van sus correligionarios y hacen explotar una bomba.
Ocurrió el último jueves. Mientras el cordobés conversaba con el ministro del Interior Guillermo Francos y el asesor Santiago Caputo, Facundo Manes y Julio Cobos rompían los puentes. Detrás de ese comploto estaban el hermano del médico, Gastón, y Martín Lousteau.
Hay quienes creen que, en algún punto, aunque parezca, el presidente de la UCR no juega para el kirchnerismo, sino que su ilusión es que el gobierno de Milei tenga un duro traspié y que el radicalismo surja como alternativa de gobierno.
Es ahí donde radica el desafío del oficialismo. En el poroteo por lograr los votos, no sólo vale el consenso con los bloques para lograr la mayoría necesaria. La preocupación es que no surja ningún descarriado o librepensador que haga peligrar el número.
