Aeropuerto de Mendoza.

Llegar a un aeropuerto con fuertes vientos no es algo exclusivo de Aeroparque, como sucedió el domingo pasado, donde algunas aeronaves debieron interrumpir su intento de aterrizaje y realizar una maniobra de escape; algo que para los pilotos está dentro de las condiciones normales.

Mendoza tiene su particularidad, y puede ser un dolor de cabeza para los pilotos: el viento Zonda puede hacer que un vuelo no sea del todo confortable.

¿Cómo se enfrenta esta situación? La respuesta llega de la mano de “@GaboAir“, piloto de línea aérea que habitualmente opera en el Aeropuerto de Mendoza e identificado de esa manera en las redes sociales.

Así lo vive un piloto en primera persona:

Al planificar un vuelo a cualquier destino nos informamos sobre los pronósticos meteorológicos en la ruta, el destino y aeropuertos alternativos. Las operaciones son cuidadosamente planificadas. En base a ello, el piloto al mando decide el combustible para toda la operación, contemplando posibles contingencias.

El viento Zonda es de fuerte intensidad y genera turbulencia cuando una aeronave vuela en esa condición. Conociendo el pronóstico de viento Zonda, el piloto inicia el vuelo preparado para esa eventualidad, planificando qué hacer en caso de poder aterrizar en el destino.

Momento del aterrizaje en Mendoza.

Si las turbulencias son de una intensidad severa, el control de la aeronave requiere mayor carga de trabajo, se producen cambios abruptos en la actitud y altitud, y genera incomodidad a gran parte del pasaje. El confort de los pasajeros es uno de los aspectos a considerar en una operación aérea, así lo dicen sus fabricantes. Además, toda aeronave tiene limitaciones de intensidad de viento establecidas en sus manuales y deben respetarse para evitar daños estructurales.

Dentro de esos límites y con un efectivo control de la aeronave, el piloto intenta el aterrizaje. Pero si las condiciones meteorológicas cambian, excediendo los límites de operación y dificultando su controlabilidad, la aproximación podría desestabilizarse y se recomienda cancelar el intento de aterrizaje para esperar una mejora en las condiciones o dirigirse a un aeropuerto alternativo.

En el Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires, los fuertes vientos del domingo pasado produjeron algunas aproximaciones desestabilizadas y sus pilotos cancelaron el intento de aterrizaje.

¿A qué llamamos “aproximaciones desestabilizadas”? En el tramo previo al aterrizaje, a 1.000 pies (unos 300 metros) sobre el aeropuerto (excepcionalmente en algunos casos a 500 pies), los fabricantes y los operadores enfatizan a sus pilotos para que la aeronave se encuentre estabilizada en su aproximación. Es decir, que vuele la senda correcta con pequeñas correcciones de altitud, potencia, rumbo e inclinación de alas para mantener esa trayectoria; que se encuentre configurada (tren de aterrizaje y slats/flaps extendidos), listas cumplidas y velocidad dentro de parámetros.

Si la aeronave no se encuentra estabilizada a esa elevación sobre el aeropuerto o si se desestabilizase posteriormente, el piloto debería hacer un “go-around”, maniobra conocida en la jerga aeronáutica argentina como “escape”, que consiste en interrumpir la aproximación, para elevarse hasta determinada altitud publicada en las cartas del aeropuerto.

Se eleva hasta la altitud y siguiendo la trayectoria que indica la carta del aeropuerto, o según sus requerimientos o instrucciones del controlador de tránsito aéreo, para esperar una mejora en las condiciones meteorológicas a fin de hacer otro intento, o bien dirigirse a un aeropuerto alternativo.

Por supuesto que todos quieren que el vuelo llegue al destino programado: pasajeros, tripulantes y empresas aéreas. Pero la meteorología está fuera de nuestro control y lo importante, cuando se dan estos eventos, es aterrizar de forma segura en otro aeropuerto, si no se pudo llegar al planificado en el viaje.

No hay peligro si se respetan los procedimientos y límites mencionados.

Además, los pilotos están entrenados para situaciones como las que mencioné y que pueden darse con viento Zonda u otras condiciones meteorológicas adversas.

Siempre digo: vuelen tranquilos y confíen en el trabajo de los pilotos.