En las últimas horas, las negociaciones entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el gobierno nacional se tensaron por la exigencia de un mayor ajuste del gasto público destinado a subsidiar las tarifas de energía eléctrica.

El presidente Alberto Fernández ratificó su decisión de rechazar la presión del organismo y no se descarta una reunión urgente con la directora del FMI, Kristalina Georgieva para encontrar una salida al inesperado problema.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se comprometió a cumplir con el Staff Agreement y el board del FMI un sendero fiscal que reduce fuertemente el déficit en los próximos años. Sin embargo, esa promesa no incluía un ajuste económico y abría la opción de un crecimiento constante.

El sendero fiscal es una pieza fundamental en el acuerdo que intenta cerrar Argentina con el FMI.  Ese sendero -que establece un déficit fiscal de 2.5 del Producto Bruto Interno (PIB) para 2022-, se construye con una reducción importante de los subsidios a las tarifas eléctricas. Alberto Fernández y Guzmán aseguran que la suba del casi 20 por ciento de las tarifas públicas y la segmentación por usuarios satisfacen la necesaria reducción del gasto público para llegar a un déficit de 2.5 del PIB en 2022.

Por su parte, el staff del FMI argumentó en los últimos días que ese 20 por ciento de aumento y la segmentación de usuarios no alcanza para asegurar la sustentabilidad del sendero fiscal que Argentina promete cumplir a cambio de refinanciar la deuda millonaria que contrajo Macri.

Congreso

Mientras tanto la Casa Rosada comenzó un operativo para seducir a los díscolos en el Congreso para convencerlos de votar a favor.

Todos quieren conocer los detalles del acuerdo y a más tardar la semana próxima se enviará el texto al parlamento.

Un eventual aluvión de abstenciones podría obstaculizar su sanción en el Senado (no en la Cámara baja) y, para peor, empañaría la imagen de apoyo que el presidente y Guzmán pretenden exhibir ante el FMI y el mundo.

De ahí surge el interés del gobierno de que el tibio respaldo de la oposición se traduzca en votos positivos. También quieren disuadir al kirchnerismo a que se sumen a acompañar el acuerdo, pese a las disidencias.